jueves, 4 de enero de 2007

UNA ROSA DE RUSIA


LA PERIODISTA ROSA Miriam Elizalde publicó el 26 de diciembre en Juventud Rebelde una de las columnas de opinión más lamentables que he leído en la prensa oficial cubana en las últimas semanas. No es un récord fácil de alcanzar, pero tengo que reconocer que la articulista puso empeño en su labor.
Tomando como pretexto al escritor norteamericano Gore Vidal, que visitó recientemente la Isla, Elizalde se dedica a hablar de Mark Twain con un desconocimiento que sólo compite con el afán por tergiversar los textos del humorista estadounidense.
Para comenzar, dice la periodista que el presidente George W. Bush anunció por Navidades el envío de más soldados de Estados Unidos al “campo de batalla”. Si se refiere al incremento de las tropas en Irak, la opción de mandar más tropas ha sido comentada no sólo por el Presidente, sino también por militares y políticos, pero no hay aún una decisión al respecto. Cuando Elizalde agrega que “al menos unos 70,000 [soldados] en los próximos dos años se irán, como Mambrú, a la guerra en el Oriente Medio” está ofreciendo un dato de su propia cosecha: no hay anuncio alguno oficial con esa cifra.
Pero las inexactitudes históricas y literarias que siguen a esta cifra ficticia son de otra índole y caen en el ridículo y la ignorancia.
“Antes de subirse al auto que lo llevaría a un encuentro con escritores en la Casa de las Américas, Gore Vidal me confesó que el lazo que lo une a Mark Twain, el célebre autor de Un yanqui de Connecticut en la corte del rey Arturo, es su antiimperialismo, particularmente la ácida crítica a esa máquina de matar en la que se convirtió Estados Unidos después de su intervención en Cuba y Filipinas, en 1898”, escribe Elizalde.
No sé qué bebió y comió Vidal en Cuba, o si el sol afectó su mente, porque en el artículo de Juventud Rebelde se le está presentado al lector cubano un Mark Twain “asqueado por la intervención estadounidense en la guerra de España contra sus últimas colonias”, y eso no es cierto.
En primer lugar, mencionar el “imperialismo” en aquella época no era referirse a Estados Unidos. Existía un imperio español en decadencia y un imperio británico y otro francés, ambos en auge y poderosos, así como una Alemania deseosa de extender sus dominios.

Twain, que vivió la tercera parte de su vida adulta fuera de este país, tiene trabajos donde critica a británicos, franceses, españoles, belgas, italiano, europeos en general, y, por supuesto norteamericanos. Por cierto, sus coterráneos son quienes salen mejor parados en esta lista, ya que por mucho tiempo se le consideró un autor que profesaba un patriotismo ciego, sin dar cabida a la crítica. De hecho, buena parte de sus artículos críticos aparecieron después de su muerte, en 1910.
Twain no criticó la breve guerra Hispano-Americana de 1989 en Cuba. Todo lo contrario. Si bien en 1869 publicó en el Buffalo Express varias sátiras muy violentas contra los luchadores independentistas cubanos, posteriormente, al iniciarse las hostilidades entre EEUU y España apoyó a su patria y vio en la contienda el medio necesario para que los cubanos finalmente lograran su independencia.
En el artículo A Word of Encouragement for Our Blushing Exiles, escrito mientras se encontraba en Viena, Twain brinda argumentos para cualquier norteamericano viviendo entonces en el Viejo Continente, donde se manifiesta en favor de la guerra, siempre que ésta signifique la libertad para otros pueblos, y atacando a las naciones europeas, las cuales —salvo Gran Bretaña— se mostraban a favor de España. El artículo apareció en Europe and Elsewhere en 1923.
A lo que se opone Twain es a la anexión de Filipinas a EEUU. No guarda relación con Cuba, ya que la independencia de la Isla, al menos en principio, estaba aprobada por el Congreso norteamericano.

Elizalde se refiere a continuación al relato War Prayer, y señala:
“En 1904, Twain ofreció el cuento a Harper’s Bazaar, que lo rechazó por considerarlo radical e impropio de una revista femenina. Mark Twain dio instrucciones para que fuera publicado tras su muerte, porque ‘solo a los muertos les está permitido decir la verdad’”.
En realidad War Prayer fue dictado en 1905. Tengo dos libros que así lo atestiguan: On the Dammed Human Race (una selección de ensayos) y Collected Tales, Sketches, Speeches, $ Essays 1891-1910. Este último es forma parte de la rigurosa colección de obras de escritores norteamericanos que edita The Library of America. War Prayer fue publicado por primera vez en Harper’s Monthly en noviembre de 1916.
Se considera que fue el propio Twain quien decidió no publicar War Prayer en vida, quizá a sugerencia de su hija Jean, que temía que fuera interpretado como un sacrilegio.
La leyenda de los textos censurados a Twain tiene un origen que resulta más irónico que muchos de sus relatos. El país que alzó la voz para reclamar que era un escritor que en vida había sido muy censurado fue ¡la Unión Soviética! en 1959, y el asunto llegó a convertirse en una agria disputa entre las dos superpotencias.
La periodista cubana llega con varios años de atraso a una posición similar, y pide para ello la ayuda del visitante extranjero: “‘Desde entonces es sediciosa, por recurrente’, ha dicho Gore Vidal. Con toda razón”.

A estas alturas, todos los escritos de Twain resultan completamente “inofensivos”, desde el punto de vista político.
La realidad es mucho más vulgar, pero también más humana. Twain era un cobarde y él mismo lo reconoció con sorna y vergüenza: “La raza humana es una raza de cobardes; y yo no sólo voy marchando en esa procesión, sino llevando un estandarte”. No obstante ello, supo sobreponerse a su miedo para alzar su voz en los momentos difíciles, que como a cualquier hombre le tocó vivir. Por eso se merece una mejor lectura que la brinda Rosa Miriam Elizalde en su artículo.

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