miércoles, 30 de mayo de 2007

La ley y los intereses


Creo que la renuncia del abogado Ignacio E. Sánchez al Consejo por la Libertad de Cuba (CLC) tiene una gran importancia para el panorama político de esta ciudad. Sánchez se vio obligado a renunciar luego que la periodista Ana Menéndez divulgara que entre sus clientes se encuentra una firma francesa que ha presentado la mejor y más económica propuesta para la construcción de un túnel en el puerto de Miami. La licitación pública fue aprobada y el contrato tiene un valor de $1,000 millones. Una de las afiliadas de la firma ha construido diversos hoteles en Cuba.
El CLC no es una organización de gran arraigo y peso dentro de la comunidad exiliada. Su importancia fundamental radica en sus vínculos con Washington, especialmente a través de la estrecha relación que mantiene con los tres legisladores cubanoamericanos por la Florida, miembros todos del Partido Republicano.
Nacida tras una ruptura con la Fundación Nacional Cubano-Americana, el CLC es una institución que en los últimos años ha influido y participado activamente en la elaboración de las restricciones de los viajes y remesas a la isla.
Sánchez también formó parte del equipo legal que contribuyó a la redacción de la famosa Ley Helms-Burton. Esta medida tiene entre otros objetivos el impedir que empresas extranjeras comercien con propiedades expropiadas por el gobierno cubano.
Por otra parte, Menéndez ha sido objeto de un “linchamiento radial” en esta ciudad, por la publicación de un artículo en que denunciaba la jerarquización de las protestas anticastristas en Miami, que en la actualidad atacan a los débiles y rehuyen enfrentar a los poderosos (ver al respecto el siguiente comentario).
Lo ocurrido con la propuesta de construcción del túnel es una muestra más de lo absurdo e inútil de una legislación como la Ley Helms-Burton en un mundo globalizado. El embargo no funciona desde hace mucho tiempo, en verdad nunca ha funcionado, pero de pronto se convierte en un problema que no tiene sólo que ver con Cuba sino también con Miami.
Hasta ahora se continuaba echando gasolina en las estaciones CITGO, pese a los llamados de algunos de no hacerlo, comprando marcas que desde hace mucho se venden en Cuba y adquiriendo boletos en aerolíneas que también viaja a Cuba. Era simplemente hacerse de la vista gorda y conformarse con impedir algún concierto o un evento artístico en esta ciudad. Pero ha llegado el momento en que un importante contrato en el condado de Miami-Dade enfrenta una disyuntiva inevitable: pagar más para enorgullecernos de la firmeza de una estrategia caduca o escoger el mejor postor y olvidarnos de la política. Ello en una ciudad que demográficamente es cada vez más diversa.
Este doble rasero viene siendo utilizado desde hace años, incluso con remordimiento por algunos: músicos exiliados que comparten escenarios con los de la isla fuera de Miami, pero que por temor se niegan a hacerlo en esta ciudad. Opiniones que se dicen en privado, pero se callan en público. Un buen tabaco cubano fumado en Madrid, mientras se apoya el embargo.
Podemos decir entonces que el sector de la llamada “línea dura” del exilio es presa de su propia trampa: o se refugia en una posición de plaza sitiada, al estilo de La Habana, o flexibiliza su posición. Hasta ahora, la hipocresía ha evitado enfrentar esta disyuntiva. Dos columna de Ana Menéndez han puesto al descubierto esa posición. Por ello son ejemplares.
Una de las ventajas de vivir en una sociedad democrática como la norteamericana es participar de vez en cuando en el derrumbe de un personaje o una actitud demagógica. Pocos defendimos desde un primer momento a la periodista. Le llovieron los ataques y la ocasión fue aprovechada por los oportunistas de turno y los perseguidores de siempre. Espero que lo ocurrido sirva a todos, para no dejarse manipular o al menos para no permitir que los sentimientos se utilicen de una forma tan burda y altisonante.
El contrato del túnel debe servir para comenzar a pensar al menos en soluciones más prácticas a un problema real: las propiedades confiscadas por el régimen de La Habana.
Es cierto que durante el proceso de nacionalización y a consecuencia también de otras medidas dictadas por La Habana, las firmas norteamericanas y los propiedades de esa nacionalidad y muchos que son ahora cubanoamericanos o permanecen con la nacionalidad de origen fueron los más perjudicados. Pero no fueron los únicos. Si naciones tan capitalistas y democráticas como España, Canadá y Francia, entre otras, han hallado una solución al respecto, ¿por qué resulta imposible emprender un camino similar o propio en este caso? Mientras tanto, persiste la obstinación en una apuesta inútil.
Desde el punto literario y periodístico, el triunfo de Ana Menéndez es también una victoria para la ironía y el periodismo sin concesiones. El armar un reportaje complaciente con ciertos sectores —no importa si de derecha o izquierda, castristas o anticastristas— puede resultar rentable por un tiempo, tranquilizador y propicio a la lisonja fácil. Pero al final termina imponiéndose la realidad: no es más que un ejercicio tonto y una pérdida de tiempo.
Ver además: Renuncia fundador de organización exiliada.
Fotografía: la escritora y periodista Ana Menéndez. (Carl Juste/The Miami Herald)

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