miércoles, 11 de febrero de 2009

Los límites de un testigo


Hasta el momento, o al menos que yo conozca, no existe una historia seria que analice el formidable ascenso de los exiliados cubanos en la política local, estatal y nacional de Estados Unidos. Ningún historiador, experto, investigador o académico ha dedicado los años necesarios a escribir una obra que brinde de forma panorámica y en detalle lo ocurrido a partir de 1972, cuando Manolo Reboso se convierte en el primer cubano que llega a la Comisión de la ciudad de Miami.
Enrique Ros, con larga y experiencia en las campañas políticas de esta ciudad y aficionado a la historia, quien también es el autor de una amplia bibliografía, en la que ha ido acumulando libros sobre el proceso revolucionario cubano, algunas de sus principales figuras y varios de los momentos principales de lo ocurrido a partir de 1959 en la isla y el exterior relacionados con Cuba —siempre desde una óptica visceralmente anticastrista— se viene dedicando desde hace algún tiempo al intento de narrar esa trayectoria que hasta el momento ha llevado a Washington a dos senadores y cuatro congresistas nacidos en Cuba o de origen cubano. El segundo tomo de La fuerza política del exilio cubano es el último libro que hasta el momento ha producido este esfuerzo.
Al igual que en el primer tomo —al que Cuaderno de Cuba ya dedicó un comentario— el libro de Ros adolece de la falta de un editor, que organice el material, deseche repeticiones y eche al cesto de la basura capítulos sobrantes, como el referido al Caso Ochoa, que no aporta nada ni se lograr vincular al tema de la obra; y también la de un corrector que enmiende el estilo y elimine erratas. No son estas faltas, sin embargo, el mayor defecto del libro.
Ros pudo haber elegido escribir una crónica o un testimonio de lo ocurrido durante estas décadas, durante las cuales no ha sido protagonista pero sí participante activo. Pero su ambición es mayor y pretende darnos una historia de los hechos. En este sentido, se queda muy debajo, no sólo por falta de formación, capacidad y recursos para la tarea, sino por la limitación que implica el poseer una óptica estrecha de lo acontecido y una perspectiva partidista que lo lleva a omitir detalles, reducir de otros y desvirtuar acontecimientos.
Padre de la congresista Ileana Ros-Lehtinen, y hasta cierto punto su asesor político y electoral, ambos tomos son más bien la narración de un portavoz de cierto sector del exilio cubano que vive en Miami. En esto sí cumplen su objetivo a cabalidad, porque al leerlo uno descubre —o vuelve a encontrarse— con la serie de actitudes, valores y prejuicios que caracterizan al llamado “exilio de línea dura” de Miami.
A veces esta característica hace que lo que estemos leyendo se acerque más a un ajuste de cuentas (contra figuras conocidas como el ex alcalde de Hialeah Raúl Martínez, el activista por los derechos humanos Elizardo Sánchez Santa Cruz, el empresario y coleccionista de arte Ramón Cernuda y los ex comisionados J.L. Plummer y Rosario Kennedy) que a una descripción de hechos.
Es por ello que hasta cierto punto resulta curioso que uno de los mejores capítulos del libro sea el dedicado a la contienda política que llevó a la congresista Ros-Lehtinen a Washington, y la convirtió en la primera cubana que logra una posición tan elevada. La descripción que hace Ros de la campaña demócrata para encontrar a un sustituto al fallecido Claude Pepper es correcta al destacar una de las lacras que por muchos años acompañó a buena parte del Partido Demócrata en la Florida y otros estados del sur: el profundo racismo que hizo que menospreciaran —y hasta abiertamente despreciaran— a los políticos cubanos con capacidad para llegar a la capital de la nación. Un problema que —es bueno recordarlo— este partido no ha resuelto del todo, no en cuanto al racismo, en buena medida ya superado, sino en lo que respecta el brindar un apoyo necesario a sus aspirantes cubanoamericanos.
Fotografía los congresistas cubanoamericanos Mario y Lincoln Díaz Balart junto a la también legisladora Ileana Ros-Lehtinen.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

enrique ros tiene la fuerza de cagar, por así decirlo, un libro cada 15 dias, o un panfleto, para describirlo mejor. felicito a armengol por tener un estómago tan fuerte para digerir ese tipo de comida past due, que en mi opinión tiene más sarmoneda que la mantequilla de maní de la fábrica de georgia.
quizás armengol pueda aclarar si el libro toca el tema de la orientación sexual tapiñada de un personaje que toca el libro, que casaron a la fuerza para tapar la letra, o de otro personaje cuyo marido le dio par de trompadas en el parqueo de la antigua WQBA en coral way y la 28 avenida.
vaya, si se trajo a ochoa por los pelos y sin ton ni son, a lo mejor también se habló de esto que digo.
EL HERMANO DE JUANITA

Unknown dijo...

Rui:

Enrique es un " historiador" descalificado . Y son muchas las razones. No es claro ni objetivo.

Y ademas, se parcializa. Es mas que claro. Hace tiempo senti respeto por Enrique. Ya no ,y me da lastima que se ha convertidoo en un papagallo ue repite lo que sabemos hace rato. La misma retorica de cada dia. Tratando de "acomodar la historia segun su agenda". ! No me jodas Enrique !

Unknown dijo...

Perdon Armengol, dije Rui y era Alejandro...mi error.

Anónimo dijo...

Remigio, estas en el blog de Armengol, o es que es que confundes al Hermano de Juanita con Rui?

Anónimo dijo...

anónimo de las 3:00 pm: la confusión fue con tu madre.
EL HERMANO DE JUANITA

Anónimo dijo...

Junanita, jajajajaj, te cogi

Unknown dijo...

Se que estoy en el blog de Armengol y no confundo al hermano de Juanita con Rui...lee y veras. No creo que Rui pierda su tiempo en esso.

Anónimo dijo...

AA,creo que eres uno de los mejores exponentes de la pluma cubana contemporanea(fuera de Cuba,por supuesto)y aunque difiero contigo en algunos temas te admiro por la agudeza y sutileza en tu escritura.
Honestamente este es uno de tus mejores articulos.
En cuanto al tema de por que no hay historia del gran ascenso de los cubanos en la politica local,estatal y nacional la respuesta es sencilla:Mario Puzzo se dedico al estudio de los italianos.
PEPITO

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