lunes, 7 de junio de 2010

Raúl Castro y la frontera de la eficiencia

El resultado más importante, durante estos años en que Fidel Castro ha estado ausente -públicamente y en las decisiones cotidianas- del poder en Cuba, es que el castrismo no ha terminado ni da muestras de debilitarse.
No deja de resultar asombroso que una figura que durante décadas ejerció el poder de forma tan personal pueda pasar a un aparente segundo plano y al mismo tiempo no ocurrir nada en la nación en que impuso sus criterios hasta en los aspectos más triviales.
Caben al menos dos preguntas indispensables: ¿era realmente tan personal su mandato? y ¿hasta qué punto ha dejado de ejercer un papel guía en estos años transcurridos en que se ha sabido tan poco de su padecimiento, de sus posibles recaídas -que sin duda han ocurrido-, y en que sus subalternos han proseguido con una fidelidad absoluta un guión que parecía trazado desde mucho tiempo antes, aunque mantenido en el más absoluto secreto, pese a declaraciones y advertencias conocidas?
Respecto a la primera caben pocas dudas. Fidel Castro determinó por años desde los sabores de helados hasta las diversas estrategias en la arena internacional. Fue todopoderoso y omnipresente. Cabe entonces buscar en la segunda interrogante las claves de esa limitada transición sin sobresaltos y sumamente controlada.
Lo que hemos presenciado es la conclusión de un estilo de gobierno, sin que ello implique el final de ese gobierno. Por mucho tiempo se pensó que era imposible, pero en la práctica está funcionando, aunque no se pueden descartar sorpresas.
Desde la perspectiva del exilio, a partir del 31 de julio de 2006 --con la entrega temporal del mando de Fidel Castro-- el proceso ha tendido a verse con una óptica pendular, cuando la realidad y la historia cubana tienden al círculo o a la espiral. Se han acumulados discusiones sobre dos conceptos supuestamente antagónicos: sucesión y transición. La sucesión es el legado hereditario, el paso de un monarca a otro, el feudalismo cubano en su mejor representación. La transición tiende a definirse como todo lo contrario: el paso o el salto de un sistema a otro. En este sentido, quizá mejor que hablar de transición, sería apropiado utilizar el concepto de transformación. Cuba entre la estática (sucesión) y la dinámica (transición).
Sólo que la realidad es mucho más compleja. Hemos estado asistiendo a una sucesión que es, hasta cierto punto, también una transición. Si la sucesión ya se ha producido oficialmente con la presidencia de Raúl Castro, la interrogante que continúa en pie es el alcance de los cambios, y si realmente éstos van a alcanzar la categoría de cambios estructurales,una ilusión que ha ido disminuyendo hasta casi desaparecer. De momento, la mejor definición que puede aventurarse sobre estos llamados ''cambios estructurales'' es la desaparición del ideal de igualdad, nunca alcanzado pero siempre esgrimido como razón de ser de la revolución.
Ahora ya se sabe que quienes gobiernan en la isla no pretenden que todos los ciudadanos disfruten de los mismos beneficios, ventajas e incluso privilegios. Ello implica el reconocimiento de una división social y económica entre los cubanos, que el gobierno ya no tiene miedo en admitir. Por ahora, la cuestión fundamental es que esta transformación está resultando lenta en extremo, y no cabe duda que la marcha del proceso la dictan razones políticas: hacer lo necesario para evitar cualquier peligro de inestabilidad que pueda llevar a un estallido social.
¿Le interesa al actual mandatario cubano una transición? Sí, en cuanto a lograr que el socialismo funcione. No, si ello implica una pérdida del poder o el fin del sistema que se comenzó a implantar el primero de enero de 1959.
Pero si a Raúl Castro no le interesa una transición política, enfrenta graves dificultades para lograr una transición económica. Está interesado en lograr una mayor eficiencia en la economía nacional. Pero tanto el limitado sector privado como el amplio sector de economía estatal están en manos de personas que conspiran contra esa eficiencia, por razones de supervivencia. La fragilidad de un socialismo de mercado es que su sector privado, si bien en parte está regulado por el mercado, en igual o mayor medida obedece a un control burocrático. Al mismo tiempo, ese control burocrático decide, en la mayoría de los casos, a partir de factores extraeconómicos. Políticos e ideológicos principalmente.
Raúl Castro cuenta con la enorme ventaja de que no hay fuerzas poderosas conspirando en favor de producir una transición traumática en Cuba. La isla no es Irak ni Irán, ni tiene (hasta el momento) petróleo y tampoco representa un peligro para Estados Unidos.
Sin embargo, también el gobernante cubano enfrenta la gran desventaja de que -a diferencia de la época de Fidel Castro- no cuenta con fuentes de financiamiento determinadas por factores extraeconómicos, salvo en el caso de Venezuela.
Durante el gobierno de Fidel Castro se impuso el criterio de no guiarse por una mentalidad empresarial, preocupada por el rendimiento y las ganancias, sino lograr ventajas económicas como resultado de los objetivos políticos.
Raúl Castro parece ser todo lo contrario: el hombre que quiere que ''las cosas funcionen''. Sólo que nadie sabe cómo va a lograrlo y la eficiencia continúa siendo una frontera y no una conquista.

5 comentarios:

campesino dijo...

El general no tiene gane.La misma estructura de poder presupone la ineficiencia y si cambia la estructura de poder comienza a perder el mismo. En la reunion con la ANAP y cooperativistas privados,se demandaron cosas tales como el libre acceso a los insumos como feriizantes y pesticidas, lo que implica libre acceso a las divisas, pues ninguna de estas cosas son de produccion nacional y es muy dificil que un gobierno acosado por la falta de divisas, puede siquiera pensar en eso.Los cuadros siguen siendo los mismos y los metodos no cambiaran

Anónimo dijo...

Armengol, este es el momento para levantar el embargo. Lastima que la mayoria de los resentidos, farsantes y seudopatriotas del exilio vertical no lo vean asi.

Guajiro Natural de Holguín dijo...

Yo en realidad estoy muy contento por reconocer la vuelta de nuestro querido AA al tono y profundidad de su columna y comentarios y a la publicación de otras noticias interesantes sobre Cuba, cuestión que se había perdido, que para eso es un Cuaderno de Cuba, cáspita!
La cuestión, a mi modo de ver, es una cuestión de tiempo. Los cambios en Cuba son inevitables. Los años, el tiempo, son los mejores impulsores de estos cambios. Vamos a ver: ¿nos podemos imaginar a Cuba con Fidel y Raúl muertos? Bueno, esa es una añoranza de la CIA, el exilio sabroso, Vargas Llosas, Posada Carriles, Diaz-Balart y un millón de seres de distinta calaña que andan por ahí viviendo bien a costilla de los males de nuestra isla. Pero ahora regreso a lo que iba. La política poco inteligente de Fidel y Raúl con relación a la promoción de gente joven (todos los jóvenes que habían sido promovidos a altos cargos, por una causa u otra han sido defenestrados) y el empecinamiento en la colocación de personajes de la vieja guardia "que sí han conocido el sacrificio" en los puesto clave, indica que dentro de muy poco, al no existir ni Fidel ni Raúl (ni esos otros de la vieja guardia) habrá sitio para aquellos jóvenes que no quieren que vengan los del exilio sabroso, ni Díaz-Balart, ni Radio Martí, ni Montaner, ni Posada Carriles (bueno, éste no vendrá, pues como a nuestros personajes, le deben quedar 10 ó 12 afeitadas) a vacilar y a coger mangos bajitos. Y tratarán de hacer las cosas que hoy no se pueden hacer, pero ojo, tratando por todos los medios de mantener lo que Cuba a logrado en muchos campos. ¿Una nueva China? Yo lo veo así. Nadie puede vivir en el mundo de hoy haciendo las cosas que se hacían hace 70 años.
Las ideas han de cambiar y desarrollarse también. ¡Qué hombre nuevo ni que ocho cuartos! Eso me sonaba muy bien en épocas <"cheístas">, pero hoy, para este hombre actual, no tan nuevo, existen millones de problemas a resolver más importantes que la beatífica promesa de ser un individuo medio comunista, medio santo. (continuaré en otro momento)

Guajiro Natural de Holguín dijo...

De manera que, como yo veo las cosas, dentro de unos años estaremos hablando en un lenguaje distinto. Habrá quizá McDonnalds en Cuba, pero estoy seguro que Cuba seguirá tratando de garantizar la salud y la educación.Y ello lo harán los machacados jóvenes actuales en los que no confían ni Fidel ni Raúl. Habrá KFC, pero nuestros médicos seguirán atendiendo a los que más lo necesitan. Creo que urge darle a los cubanos una calidad de vida superior, pero por favor, no a costa de apoyar el genocidio de Israel, de observar con despreocupación cómo la patrulla fronteriza de USA mata a un adolescente mexicano. Esas acciones son apoyadas por Ileana, Lincoln, Montaner, y la pléyade de opositores disidentes y vivebien que quieren la libertad de Cuba. Y a esos, téngalo por seguro mi querido exilio sabroso, nadie en Cuba los quiere.

Oscar Lázaro dijo...

Muy acertado su artículo. Un saludo desde Zurich.

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