jueves, 25 de julio de 2019

Sensacionalismo, violencia y la prensa cubana antes de 1959


En 1951, Aureliano Sánchez Arango, ministro de Educación del gobierno Auténtico de Carlos Prío Socarrás, acusó a Eduardo R. Chibás —el más popular político cubano del momento— de especular con el café y explotar a los campesinos. Chibás, al frente del Partido Ortodoxo, respondió con otra denuncia: el ministro estaba enriqueciéndose con los fondos del desayuno y material escolar, y con el dinero sustraído construyendo un reparto en Guatemala. Luego, al no poder demostrar los cargos, Chibás se disparó un tiro en el bajo vientre, el 5 de agosto de ese año. Murió 11 días más tarde.
El suicidio de Chibás abrió las puertas al golpe de Estado de Fulgencio Batista, que se produce unos meses más tarde. Lo ocurrido esa tarde de domingo galvanizó la situación que llevó a Fidel Castro al poder. Un disparo único de arma corta fue el detonante de una crisis nacional que aún persiste.
Hay un par de detalles que valen la pena destacar en ese hecho trágico. Uno es que Chibás se suicida durante la transmisión de su popular programa radial: una salida histriónica. El otro es que luego la revista Bohemiapublica en portada la imagen del cadáver del político, con un ejemplar de la publicación colocado sobre el pecho, entre sus manos inertes. El título de portada: “Con el último ejemplar de Bohemiaentre sus manos”.
El alcance de estos dos detalles, a primera vista anecdóticos, trasciende lo ocurrido. El suceso real se convierte en parábola para marcar el destino de la nación, por una vía iniciada con anterioridad pero que a partir de ese momento será definitoria: la violencia como recurso socorrido para zanjar una disputa (en este caso Chibás la ejerce contra sí mismo, pero por lo general será contra el otro).  El factor emocional —llevado al extremo del irracionalismo— como estímulo para impulsar la actitud ciudadana. Muchas de las imágenes de la revista Bohemia, las publicadas durante los períodos sin censura tras la instauración de la dictadura de Fulgencio Batista, y especialmente las aparecidas en los tres números especiales editados luego del primero de enero de 1959, jugarán un papel primordial en el acondicionamiento del  estado de ánimo nacional, que será aprovechado al máximo por Castro. No es que las imágenes no fueran reales, pero su explotación con fines sensacionalistas contribuyeron a la aceptación o asimilación de un orden que poco a poco —o a veces de forma vertiginosa— se impuso como una salida a la crisis del país.
En última instancia, fue el uso de la violencia gubernamental y paragubernamental lo que llevó a la caída del régimen de Batista. También esta se convirtió en el recurso más empleado frente a la ilegitimidad del gobierno establecido tras el golpe de Estado de 1952. Desde el inicio, la táctica de acción y sabotaje cumplía un fin estratégico muy preciso: llevar a un aumento del terrorismo de Estado.
Además de la represión y la violencia, el segundo factor decisivo para el triunfo de Castro fue el hábil uso de la propaganda. La prensa del país, que contaba con 16 periódicos en 1959, un amplio número de cadenas de radio y una televisión sumamente avanzada no solo resultó incapaz de influir en el logro de una solución negociada del conflicto, sino que en buena medida —de forma consciente o inconsciente— contribuyó a la victoria castrista.
 Esto no quiere decir que se tratara de un medio cómplice en la mayoría de los casos —en lo que respecta a la prensa cubana, la norteamericana es otro asunto—, sino que las condiciones del país le impidieron desarrollar otras vías.
Frente al terror generalizado en los últimos meses de permanencia de Batista en el poder, la prensa —censurada en muchas ocasiones— pudo hacer bien poco. Cuando Manuel Urrutia, en su función de presidente de la Sala Tercera de lo Penal de la Audiencia de Oriente, dictaminó que fueran absueltos un grupo de supervivientes del desembarco del yate Granma, que se encontraban presos, Batista respondió airado e hizo que el ministro de Justicia estableciera una demanda contra el magistrado. Entonces el conservadorDiario de la Marinainstó a Batista para que actuara de acuerdo a la Constitución y celebrara elecciones anticipadas. Pero el dictador se mantuvo firme en la fecha programada.
En otro caso, cuando fue arrestado Antonio Buch, el jefe de información del 26 de Julio en Santiago de Cuba, sus familiares acudieron a The New York Timesy no a la prensa nacional. El diario norteamericano publicó una protesta, y es muy posible que esta impidió que el revolucionario fuera ejecutado.
No siempre, por supuesto, el papel de la prensa nacional fue tan limitado. Pese al esfuerzo gubernamental para que no se informara sobre el plan de mediación de los obispos cubanos, entre los cuales se encontraba Monseñor Pérez Serante, la información apareció publicada. En muchas ocasiones el propio Castro se sirvió de la prensa establecida para dar a conocer sus opiniones, incluso cuando estaba “alzado”. Por ejemplo, el llamado “Manifiesto de la Sierra” apareció en las páginas de Bohemia.
La moderación fracasó cuando era más necesaria. Terminó por imponerse la violencia. Quizá resulte injusto exigirle tanto a la prensa de entonces, o en cualquier otro momento de la historia de la Isla —sobreviviente a todos los naufragios pero sin dejar de ser naufraga siempre. No por ello deja de ser lamentable.

Desastre demócrata


La audiencia congresional con el exfiscal especial Robert Mueller fue un desastre para los demócratas. Y toda la culpa la tienen esos mismos legisladores que tanto insistieron para que se llevara a cabo.
Estaban advertidos. Mueller hizo todo lo posible por disuadirlos, señalando en una declaración a la prensa el 29 de mayo que su comparecencia no agregaría detalle alguno no conocido si fuera convocado ante el Congreso.
“Cualquier testimonio de esta oficina no iría más allá de nuestro informe. Contiene nuestros hallazgos y análisis, y los motivos de las decisiones que tomamos. Escogimos esas palabras cuidadosamente, y el trabajo habla por sí mismo. Y el informe es mi testimonio ", escribió Mueller.
Luego agregó: que su participación “no proporcionaría información más allá de la que ya es pública en cualquier comparecencia ante el Congreso”.
Más aún, la solicitud de Mueller al Departamento de Justicia sobre las pautas que adoptó para limitar su testimonio, debería haber servido de advertencia. Pero para entonces, era imposible cancelar la audiencia una vez que se había emitido las citaciones, y el conocimiento de que se trataba de una jornada dura de poco sirvió. Hay que agregar que los legisladores republicanos se lanzaron a fondo, con el cuchillo en la boca en misión de abordaje. Pero lo hicieron bien, en beneficio de su partido y su presidente, que ya son una misma cosa. Así es la política. Al duro y sin compasión.
Así que la falta de entusiasmo por el evento, demostrada el miércoles por Mueller, no debió sorprender a nadie.
A pesar de la clara renuencia de Mueller, los demócratas siguieron adelante, y finalmente lo citaron para las audiencias del miércoles. Las expectaciones fueron tan elevadas, que la realidad significó más o menos un balde de agua fría no solo para los legisladores que buscan someter a un juicio político al presidente, sino en general para los críticos de Donald Trump.
Los demócratas habían justificado las audiencias diciendo que, a pesar de las advertencias de Mueller, como mínimo podrían lograr que él leyera partes de su informe en voz alta. Pero se negó incluso a hacer eso. 
Para los demócratas, el momento más destacado de la primera audiencia fue un intercambio con el presidente del Comité Judicial, el representante Jerry Nadler (D-NY).
“¿Realmente se exoneró al presidente?”, preguntó Nadler. “No”, respondió Mueller.
“El presidente no fue exculpado por los actos que presuntamente cometió”, dijo el exfiscal.
La afirmación, sin embargo, no añadía nada nuevo. Y su repetición por los demócratas y los canales de televisión afines pronto se vio reducida por un intercambio más importante.
Durante la primera de las audiencias, Mueller pareció estar de acuerdo con el representante Ted Lieu (D-Calif), en que la razón por la cual Trump no fue acusado se debía a una política del Departamento de Justicia, que desde hace tiempo establece que los presidentes en ejercicio no pueden ser llevados a los tribunales.
Al terminar esta audiencia, el punto fue destacado por los comentaristas, debido a las implicaciones para Trump.
Pero la alegría duró poco.
Al comienzo de una segunda aparición del miércoles, ante el Comité de Inteligencia de la Cámara, Mueller echó por tierra el leve frenesí demócrata, dando la impresión de que no había entendido bien y que en realidad no estaba de acuerdo con el lenguaje de Lieu. “Esa no es la manera correcta de decirlo”, aclaró Mueller.
“Quería volver a una cosa que fue dicha esta mañana: el Sr. Lieu dijo, y cito: “No acusó al presidente debido a la opinión de la [Oficina del Asesor Jurídico]”, señaló Mueller.
Luego agregó:  “Esa no es la manera correcta de decirlo. Como nosotros dijimos en el informe y como yo dije en la apertura, no llegamos a determinar si el presidente cometió un delito”.
Entre las paradojas de ambas comparecencias del miércoles estuvo la de los demócratas defendiendo el historial republicano de Mueller, y enfatizando el hecho de que sus nombramientos habían sido hechos por mandatarios republicanos. Ello en claro y necesario contraste con los ataques personales lanzados por algunos legisladores republicanos hacia el exfiscal y su trabajo.
El clima tenso durante ambas comparecencias puede haber contribuido a que por momento Mueller pareciera confundido, desconocedor incluso del propio documento que había elaborado. En otras —muchas— fue necesario repetirle las preguntas u orientarlo hacia quien le preguntaba.
Al ser interrogado por el representante Brad Wenstrup (R-Ohio), el exfiscal especial pareció negar que su oficina investigara si la campaña de Trump coordinara con WikiLeaks u otros para robar los correos electrónicos de la campaña de Hillary Clinton.
“Ese asunto no cae dentro de nuestra investigación”, dijo Mueller, desconcertado, dado que este era un foco central de su investigación.
En otro momento, Mueller afirmó no saber nada sobre Fusion GPS, la firma de investigación privada encargada por la campaña de Clinton y el Comité Nacional Demócrata para preparar un expediente de investigación que al parecer dio impulso a una indagación temprana del FBI sobre los vínculos entre Trump, sus asesores. y Rusia.
Durante la segunda audiencia Mueller se mostró más seguro, cómodo y receptivo. Resultó lógico porque ya no se trataba del Comité Judicial sino del que tiene que ver con los asuntos de Inteligencia. En un par de ocasiones, ofreció lo que equivalía a refutaciones directas de los puntos de discusión de Trump.
“Cuando Donald Trump llamó a su investigación una caza de brujas, eso también es falso, ¿no es así?”, preguntó Schiff.
“Me gusta pensar que sí”, respondió Mueller, agregando más tarde: “No es una caza de brujas”.
Aunque lo más importante de esta segunda comparecencia fueron sus advertencias sobre los peligros de la continua interferencia rusa en las elecciones de Estados Unidos. Un peligro presente y al que no se le está brindando la atención adecuada, debido a la polarización extrema del país, el anteponer el partidismo a los intereses de la nación y la actitud culpable del presidente Trump.
Este texto utiliza información tomada de Politico.

El otro Calibán


El canon o modelo cultural que por años ha tratado de imponer la cultura oficial cubana a la literatura exiliada parte de una definición: el centro de la literatura cubana está en la Isla.
Esta especie de camisa de fuerza tuvo su formulación más conocida en el concepto del Aleph literario cubano, expresado por Ambrosio Fornet.
Según Fornet,  el Aleph de la cultura cubana se encuentra en la isla. La afirmación fue hecha como un afán para establecer un lugar ideal, donde radica la totalidad de las posibilidades de los  creadores, las que confluyen sin confundirse y son vistas desde todos los ángulos; el sitio en que converge y se almacena íntegra la diversidad artística; el universo que contiene todos los bordes y fronteras y cuyo centro no es un punto sino una circunferencia infinita.
Esa letra —que más que un alfabeto es una enciclopedia— está en una nación que siempre ha escapado a las definiciones: una nebulosa en vez de una esfera; un país pequeño y limitado por aguas profundas en busca de la otra costa; una imagen que aspira a ser un concepto y no termina de definirse. Apenas una idea.
El Aleph fue un recurso de urgencia, que buscó apoderarse del argumento de un cuento del argentino Jorge Luis Borges, para  al igual que en la narración intentar encerrar el universo en un sótano y permitir decir al que lo poseyera: “No soy el dueño del mundo, ni soy una parte ajena o cercana de ese mundo: soy el dueño del centro al que confluye el mundo”.
De esta forma, se trató de aplicar, en el plano literario, un reduccionismo que no era más que una justificación de un proceso que, desde su nacimiento, pretendió ir más allá de sus fronteras. Primero geográficamente, con la definición colegial de un libro de texto —la Geografía de Cuba, de Antonio Núñez Jiménez— donde se afirmó que  no bastaba hablar de la Isla de Cuba, ya que lo correcto era referirse al Archipiélago Cubano. Luego en su vertiente guerrillera, con la conversión en un foco de irradiación de la violencia. Después imperialista, con el empleo de las fuerzas armadas transformadas en un instrumento de guerra extraterritorial en África. Globalizadora por último, con la exportación de médicos, maestros y técnicos a diversas naciones.
Un reduccionismo fundamentado en una vieja idea colonialista: todo esfuerzo literario, gráfico y musical fuera de la metrópolis no es más que un apéndice —a veces válido pero secundario— condenado a girar de acuerdo al poder dominante. La gravitación no como una fuerza de atracción recíproca sino como una relación de causa y efecto.
En Cuba este reduccionismo disfrazado con el ropaje de un plan abarcadorha tratado de sortear el egocentrismo bajo el disfraz de la asimilación cultural: reconocer la existencia de una literatura del exilio, una plástica internacional y una música caribeña que trascienden las fronteras del país, pero que no dejan de ser limitadas en sus logros y dependientes de la raíz. La nación no como fuente nutritiva sino como campana bajo la cual respirar.
El concepto estereotipado de la patria como madre, agrandado al endiosamiento del Estado —padre para los residentes en la Isla, padrastro para quienes viven en el exterior— todopoderoso, vigilante y ceñudo.
Así, y desde hace años, las instituciones del régimen se han otorgado el privilegio de ser las depositarias de toda actividad creadora —incluso las desarrolladas en las antípodas del espectro ideológico— al considerarse investidas de la autoridad necesaria para decretar lo que vale y brilla —o lo que no vale y no brilla— en la cultura cubana, dentro y fuera de la Isla.
Al fracaso del  intento de edificar un canon revolucionario siguió la voluntad de adopción de criterios más amplios, que permitieran el reconocimiento de los logros estéticos de lo que hasta entonces se consideraba la cultura del enemigo, pero a partir de una definición que mantenía inalterable el centro del poder. De ese canon revolucionario —que por décadas midió a la literatura cubana— se pasó a un canon patriótico y nacionalista.
Mencionar a Borges se convirtió en la exhibición más colorida de ese ideal de rectificación: un abandono de la intransigencia y ferocidad de Calibán en favor de una incorporación de la habilidad y la brillantez de Ariel.
La emoción de la rebeldía fue —más que un disfraz de la envidia—la justificación del envidioso durante la etapa “calibanesca”. Luego predominó un Calibán más refinado, pero que no había abandonado por completo sus sentimientos originales, porque formaban parte de su esencia.
Uno de los problemas de la Cuba actual es que se ha desmoronando ese edificio que sustentaba la prepotencia imperial, y ahora lo que impera es una sobrevivencia entre escombros. Por su parte, uno de los problemas del exilio es que, paradójicamente, algunos insisten en mantener vivo ese espíritu imperial.
Por supuesto que la realidad es mucho más compleja. Desde hace mucho tiempo, el escritor, pintor y músico exiliado se ha visto privado de sus lectores o espectadores de origen, lo que se ha usado para justificar el planteamiento de un público primordial en la Isla. Pero lo que ha imperado es utilizar ese eje con fines ideológicos, en una tergiversación de la verdadera función de protección cultural de un Estado.
Sin embargo, el concepto de lector y literatura nacional avanza hacia la extinción o al menos hacia una redefinición tan amplia que deje fuera un nacionalismo cultural estrecho. Los organismos del Gobierno cubano aún practican criterios políticos como puntos de definición a la hora de catalogar a los intelectuales y artistas que viven en el exterior. Es en el rechazo de esta actitud donde deben coincidir los autores que viven en Cuba y en el exilio.
(Una versión primera de este texto apareció en junio de 2013.)
Anexo:
El sobreviviente
Retamar tuvo el “don” de cumplir a la perfección varios objetivos del centro de poder en Cuba— objetivos que trascendían las ideologías en juego en los inicios y luego internacionalmente— el cual necesitaba para ello de un instrumento idóneo, que permitiera el empleo del socorrido puño con guante de seda.
Desde el 1 de enero de 1959 inició ese camino con un poema  fechado en ese día: “Los sobrevivientes”:
Nosotros, los sobrevivientes,
¿a quiénes debemos la sobrevida?
¿quién se murió por mí en la ergástula,
quién recibió la bala mía,
la para mí, en su corazón?
¿sobre qué muerto estoy yo vivo,
Con estos versos Retamar establece en la literatura cubana el complejo de culpa dentro de sus creadores por no haber participado con las armas en la lucha contra Batista; complejo que luego se ampliaría con el concepto de compromiso intelectual, primero en su versión sartreana y luego bolchevique. Aquí se anticipa al Che Guevara, que luego expresará igual opinión, incluso más a las claras, en “El hombre y el socialismo en Cuba”: el pecado original de los intelectuales cubanos es que no son verdaderos revolucionarios.
“Calibán”, esta vez como ensayo, cumple igual objetivo en 1971, al aparecer por los mismos días que el funesto Congreso de Educación y Cultura que oficializa lo que luego se llamó el quinquenio gris que en realidad fueron años negros.
En ese ejercicio como instrumento del poder Retamar fue más que nuestro Gorki o Ehrenburg (papel propio de Carpentier): el ejemplo de intelectual católico en sus orígenes, de clase media y formación en el extranjero convertido en funcionario-comisario de la dictadura del proletario.
En lo específicamente literario, a la poesía cubana le hizo un daño momentáneo con la llamada poesía coloquial, pero ese, por supuesto, fue un mal menor.
(Publicado en Facebookcasi al amanecer del martes 23 de julio de 2019.)

viernes, 19 de julio de 2019

Del mitin político como acto de repudio


La táctica es vieja y efectiva. La veremos repetirse hasta las elecciones presidenciales del próximo año en Estados Unidos. Ya Donald Trump la ha empleado con éxito y no ha dudado por un minuto en volver sobre ella.
“¡Envíala de vuelta, envíala de vuelta!”. Así gritaron los participantes el miércoles, durante un discurso de hora y media de Trump en Greenville, Carolina del Norte. Él los dejó hacer. Luego el jueves trató de desligarse del incidente: “Yo no dije eso, ellos lo hicieron”. Señaló que “no estaba feliz” cuando escuchaba a la multitud gritando.
Aunque la historia está demasiado cercana para intentar ahora una respuesta hipócrita.
Durante la campaña de 2016, los seguidores de Trump coreaban “¡Encarcélenla, encarcélenla!” refiriéndose a Hillary Clinton. Paradójicamente —¿o no?— uno de los que gritó con más fuerza e incitó a que otros lo hicieran, está hoy tras las rejas: Michael Flynn. No es el único.
El miércoles el ataque verbal era fundamentalmente contra la congresista musulmana Ilhan Omar, la cual llegó a EEUU, procedente de Somalia, cuando era niña y se naturalizó estadounidense tras cumplir 17 años.
En su discurso Trump acusó a Omar de haber pedido compasión para los miembros del Estado Islámico y de enorgullecerse de Al Qaeda. Mentira en ambos casos. (Si usted desea conocer en detalle lo dicho por la congresista al respecto años atrás, pinche aquí.)
El presidente dice no sentirse responsable por las palabras de sus seguidores. Mentira también. El pasado fin de semana Trump escribió en Twitter unos mensajes en los que instaba a cuatro congresistas demócratas de la Cámara de Representantes a regresar a “sus países”. En realidad todas ellas son estadounidenses. Tres de nacimiento: Ayanna Pressley, de Ohio; Alexandria Ocasio-Cortez, de Nueva York y padres puertorriqueños; Rashida Tlaib, de Detroit. La tercera, Omar, por naturalización.
Lo que tienen en común las cuatro es lo que las “diferencia” del estereotipo de los estadounidenses de raza blanca, origen anglo-sajón —aunque esta es una definición que se establece en un sentido muy amplio—  y religión protestante: los llamados “WASP” por su sigla en inglés; un término sociológico de uso más popular que científico.
Por su parte, las congresistas a las que se viene refiriendo Trump son de raza negra o de origen latino o de confesión musulmana.
El recurrir a la otredad ha acompañado a la constante campaña política de Trump desde que decidió lanzarse a la conquista de la presidencia de EEUU por el Partido Republicano, si bien la fidelidad al concepto —actitud, conducta— forman parte de su esencia desde mucho antes. Por límites de inteligencia, conocimiento, razones de clase o entorno, Trump siempre ha temido lo ajeno, lo incomprensible, el mundo más allá de sus narices.
Pero si WASP en una época caracterizó a un sector privilegiado, a cargo de la hegemonía política y económica de EEUU —el famoso establishment—, con el tiempo, y en la medida en que desde un punto de vista pragmático se impuso en la clase gobernante blanca la necesidad de compartir el poder, el miedo a lo extraño adquirió aún mayor valor emocional dentro del sector de la población de raza blanca, que si bien no disfrutaba de los privilegios de la riqueza se consideraba hereditaria de la identidad nacional (white trash). 
Así la “W” inicial de la sigla, que en un principio identificaba la riqueza (wealthy), cambió a definir el factor racial (white).
Cuando uno observa la coreografía precisa y repetitiva de los mítines políticos de Trump, tiene primero la sensación de que la plebe al fondo —lo siento, no encuentro una definición mejor— no es más que un grupo de sicofantas. Sin embargo,  dicha impresión  se reduce a un error de precisión, del que se salvan los que han acumulado la experiencia cubana de los “actos de repudio”: donde más allá de una obligatoriedad supuesta o real siempre estaba presente el atractivo de la impunidad: el poder ofender con impudicia a otros. La libertad para denigrar gratuitamente a quien no se entiende o ha escogido una vía distinta. 
Excluidos del pudor y la decencia, quienes participaban en los actos de repudio en Cuba se lanzaban a denigrar tanto a quienes conocían —con los cuales hasta ayer habían conversado, saludado, compartido inquietudes por ser sus vecinos, compañeros de trabajo, incluso familiares, y de pronto convertidos en sus enemigos por orden del poder— como a los extraños más o menos lejanos, por los cuales sentían una mezcla de rencor, miedo, incluso envidia, aunque nunca los conocieron: todo ello formando un acto liberador desde el punto de vista emocional. 
Esto, por supuesto, siempre ha sido característica de los sistemas fascistas. Sería aún presuroso afirmar que la administración de Donald Trump lo es —aunque en igual medida tampoco puede negarse que por momentos tiende a ello, más a veces por un afán electoral que por una vocación totalitaria sustentada en una ideología: razón de carácter y no de doctrina—, pero la presión a favor de la integración al grupo, la sociedad, la nación y la raza mediante compulsión social —y en última instancia la violencia— fue una realidad persistente en el fascismo y el nazismo.
Si bien resulta injusto limitar a este núcleo irracional la totalidad de los electores de Trump, no por ello resulta menos necesario el destacar que ese grupo vocinglero y con pretensiones de gran influencia —por lo común caracterizado por un estamento de fácil manipulación— sirve de eco al actual presidente estadounidense, con su desprecio hacia la democracia liberal, el Estado de derecho, las opiniones ajenas y los otros en general.
Encontramos entonces en las imágenes de tales mítines tanto a fanáticos que se alimentan del grito y el insulto como a representantes más clásicos del estereotipo del WASP, sobre todo en la versión joven, capaces de soportar la cercanía con aquellos que desprecian —por la carencia de dinero, una buena educación y viviendas acomodadas— durante un par de horas, al considerar justificado el esfuerzo por la permanencia de sus privilegios. Los gritones, por su parte, siempre felices con el desahogo, al que se conforman.
Trump siempre se ha alimentado del repudio a la otredad, como fundamentos para desarrollar la intolerancia y la detracción, aunque para ello tenga que recurrir a los rumores peor intencionados y las mentiras más burdas. En esta táctica —parece que cada vez con más fuerza— fundamentará su empeño para mantenerse en la Casa Blanca.

miércoles, 17 de julio de 2019

A pocos metros de EEUU crece una nueva Habana en México, sostenida con la desesperación de los cubanos


Nadie sabe a ciencia cierta por qué han llegado aquí, a una ciudad que todavía conserva en la memoria colectiva su fama terrible de feminicidios y violencia.
“Es algo que nos ha sorprendido a todos: la ciudad no era una de las rutas migratorias tradicionales para ellos y ahora, Juárez se ha llenado de cubanos”, comenta a BBC MundoEnrique Valenzuela, director del Consejo Estatal de Población y Atención a Migrantes (Coespo).
Una Cuba en tránsito
Del total de migrantes que han pasado o que aún esperan en Ciudad Juárez, un 85% son cubanos.
Y, como en la capital cubana, muchos de los que la habitan no quisieran estar allí, sino un poco más al norte.
Sin más remedio que la resignación y la espera, a pocos kilómetros del destino de sus sueños, muchos cubanos han comenzado a transformar la ciudad con el peso de sus costumbres.
Entre los anuncios de cambio de dólares, los letreros de las farmacias y los espacios con nombres de rancheras y corridos comienzan a aparecer otros que ofrecen “auténtica comida cubana”.
En los menús de los restaurantes, los “moros con cristianos”, el congrí y las chuletas de cerdo asadas comienzan a desplazar a los tradicionales tacos y quesadillas.
“Los cubanos están cambiando esta ciudad. Han llegado mucho y por eso hemos tenido que cambiar las platos de nuestros restaurantes, porque ellos extrañan mucho su comida”, cuenta aBBC MundoCristina Ibarra, dueña de Little Habana, el primer local que abrió en Juárez con comida típica de la isla.
Hay también salones cubanos, matinées para cubanos, hoteles para cubanos… E incluso albergues donde solo permiten quedarse a los naturales de la isla, porque, según cuentan, no les gusta compartir espacio con el resto de los migrantes centroamericanos, según un reportaje de Lioman Lima para la BBC.
Y como saben que la estancia en la ciudad se puede multiplicar por meses, muchos han optado por comenzar a trabajar en el sector informal y, ahora, es fácil encontrarlos en restaurantes, comercios o puestos callejeros, vendiendo desde jugos naturales hasta cigarrillos o caramelos.
Han creado incluso canales informales de comunicación: un grupo de WhatsApp que los mantiene al tanto de los últimos acontecimientos y es el espacio también para compartir chismes, rumores y noticias.
Pero con la llegada masiva de cubanos y otros migrantes, la ciudad también ha comenzado a mostrar su lado más oscuro.
Expertos y activistas aseguran que, aunque el fenómeno de las extorsiones y secuestros forman parte del fenómeno migratorio en Latinoamérica, en los últimos tiempos, el caso de los cubanos cobra una dimensión especial.
“Los migrantes cubanos muestran características demográficas diferentes a las del resto de los centroamericanos, que de alguna forma los hace más proclives a este tipo de situaciones”, explica a BBC MundoAriel Ruiz, investigador del Migration Policy Institute, un think tankcon sede en Washington.
De acuerdo con el analista, los cubanos generalmente tienen familiares en Estados Unidos, por lo que cuentan con más recursos económicos que los que provienen de otros países, lo que puede llamar la atención de grupos criminales.
“Los centroamericanos tienden a ser menos visibles, no quieren llamar mucho la atención. Los cubanos, en cambio, se hacen más visibles, entienden más del proceso legal y por eso también denuncian este tipo de crímenes que quizás los centroamericanos también sufren, pero tienen miedo de contar”, afirma.
Desde enero de 2017 los cubanos perdieron los privilegios que les daba la medida de “pies secos/pies mojados”, que les garantizaba la permanencia legal en EEUU si pisaban suelo estadounidense.
De acuerdo con Ruiz, esta es la primera vez desde el final de la medida en que vuelven a intentar salir de forma tan numerosa de Cuba a través de México.
Al fenómeno se le suma que la situación económica en la isla se ha agravado en los últimos meses.
Cientos de cubanos que intentan llegar a EEUU viven desde hace meses en un limbo migratorio en México, que para muchos ha terminado con su deportación.
Según cifras oficiales, en lo que va de año, más de 500 cubanos fueron detenidos en México y retornados a su país de origen, una cifra tres veces mayor a la reportada durante todo 2018.
Es, al decir de expertos consultados por BBC Mundo, la mayor oleada migratoria de cubanos desde que Barack Obama derogara a inicios de 2017 la medida de “pies secos/pies mojados”, que garantizaba a los residentes de la isla asilo político en los puestos fronterizos de EEUU.
Pero incluso cuando la norma estaba vigente, como en 2015, de los casi 5.000 cubanos que se presentaron ante las autoridades migratorias mexicanas solo 243 fueron devueltos a la isla.
En un comunicado enviado a BBC Mundo, el Instituto Nacional de Migración (INM) consideró que el aumento en las deportaciones reportadas en los últimos meses responde “al incremento en el flujo irregular de personas de nacionalidad cubana”  que llegan a México.
El gobierno de Cuba, por su parte, no se ha pronunciado oficialmente al respecto.
Por años, La Habana acusó a medida de “pies secos/pies mojados”, y a los beneficios que daba a los cubanos que tocaban suelo de EEUU, de ser el principal motivo para las sucesivas oleadas migratorias que ha sufrido la isla.
Ahora, las autoridades llaman a “una emigración regular, ordenada y segura” y presenta a la mayoría de los deportados como “víctimas de los grupos criminales vinculados al tráfico humano en la región”.
¿Cuándo empezaron las deportaciones?
Según explica aBBC Mundo Rachel Schmidtke, experta en temas de migración del Wilson Center, las deportaciones de migrantes indocumentados han sido una práctica “consistente” e “ininterrumpida” de México desde que el gobierno de Enrique Peña Nieto implementó el Programa Frontera Sur en 2014, que fue visto por sus críticos como una “cacería de migrantes”.
Sin embargo, aunque los cubanos eran parte de los cientos de indocumentados que llegaban cada día al país, el gobierno de la isla se negó por años a recibirlos de vuelta.
De ahí que las autoridades migratorias mexicanas les expidieran en muchos casos un permiso que les permitía cruzar legalmente hasta la frontera de EEUU o hicieran de la vista gorda con ellos.
La situación cambió desde mayo de 2016, cuando entró en vigencia un memorando de entendimiento entre los dos países en el que La Habana se comprometía a recibir de vuelta a sus ciudadanos con una situación migratoria irregular en México.
Desde entonces, el gobierno mexicano opta por detener en “estaciones migratorias” a los cubanos que llegan sin visa al país, como a muchos otros inmigrantes indocumentados.
En ellas esperan un par de semanas hasta que la embajada o los consulados de la isla los reconozcan como sus ciudadanos.
Si esto ocurre, son enviados a la isla, un proceso que el INM llama “retorno asistido”.
Ya en 2016, según cifras oficiales, de los alrededor de 4.000 cubanos que se presentaron en distintos puestos fronterizos, fueron retornados unos 3.617.
En 2017, cuando se derogó la ley que les daba beneficios en EEUU, la cifra de devueltos se redujo drásticamente a 608, mientras el año pasado apenas llegó los 156.
¿Por qué AMLO optó por más deportaciones de cubanos?
Rodolfo Cruz Piñeiro, experto en temas de migración de El Colegio de la Frontera considera que el aumento en las deportaciones de cubanos debe entenderse como parte de un fenómeno más complejo, asociado con el creciente número de migrantes que llegaron a México tras las caravanas de octubre de 2018.
“López Obrador comenzó su gobierno en diciembre de 2018 y su discurso fue tener una política basada en los derechos humanos de los migrantes, abrirles las puertas a estas personas que tenían problemas en sus lugares de origen”, explica a BBC Mundo.
Como parte de esta política, comenta, a partir de enero las autoridades mexicanas entregaban con cierta facilidad una especie de visas por “razones humanitarias” en la frontera sur del país, que permitía a los migrantes transitar por territorio mexicano o incluso permanecer en él por un periodo determinado de tiempo.
“Esta situación y ese mensaje de respeto a los migrantes lo que hizo fue generar expectativas en muchos países sobre la posibilidad que tendrían de emigrar hacia Estados Unidos a través de México y comenzaron a llegar personas de todos lados, no solo cubanos, sino de países que no formaban parte de los patrones migratorios tradicionales como el Congo o Bangladesh”, comenta Cruz Piñero.
Sin embargo, en febrero, las autoridades dejaron de emitir los permisos de forma súbita.
Un mes después, la Secretaría de Gobernación anunció un “plan de contención” ante el elevado número de migrantes que llegaban a la frontera sur.
¿A qué obedeció ese cambio abrupto?
Según Schmidtke, una serie de factores conllevaron al gobierno de AMLO a dar un giro solapado en su “mensaje humanitario” hacia los migrantes.
“Por una parte, ante el creciente número de personas que llegaba, quedó claro que las capacidades de México para recibirlas ya estaban al límite y por otra parte, estuvieron las fuertes presiones del gobierno de Estados Unidos”, afirma.
En los últimos meses, las autoridades de México reconocieron que muchas de las “estaciones migratorias” en el sur del país estaban desbordadas en su capacidad, lo que conllevó a disímiles denuncias sobre las condiciones humanitarias de estos centros.
Mientras, el presidente Donald Trump lanzó varios tuits en los exigía al gobierno mexicano contener el flujo de migrantes y amenazó incluso con cerrar la frontera sur si México no actuaba.
“Yo creo que ese fue el factor fundamental: existieron presiones muy fuertes por parte del gobierno de Trump para que México parara ese flujo irregular y a partir de entonces, comenzaron a darse cambios en esa supuesta apertura hacia los migrantes”, comenta Piñeiro Cruz.
¿Qué pasó con los cubanos?
El cubano Raudel González —que llegó a México en marzo pasado y ahora teme que la odisea que lo llevó a cruzar siete países pueda terminar donde mismo comenzó: en un avión en La Habana— asegura que muchos, como él, decidieron lanzarse tras rumores de que EEUU estaba dando asilo nuevamente a cubanos y al escuchar sobre el tema de las caravanas y las “visas humanitarias” para cruzar México.
“La situación en Cuba cada vez está más difícil y uno arriesgaría hasta la vida, lo que sea, con tal de salir de allí”, afirma.
Algunos expertos calculan que hay más de 2.000 cubanos varados en México.
La oficina de regulación migratoria de Tapachula dejó de emitir en febrero las tarjetas que permitían el paso y muchos de los que se presentaban ante las autoridades eran enviados a centros migratorios para, en muchos casos, ser deportados.
Desde entonces, los nacionales de la isla han protagonizado diversos intentos de escape de los centros migratorios que han ocupado titulares en medios mexicanos.
Y si en enero solo fueron devueltos siete cubanos y solo 1 febrero, ya para marzo el 
Los cubanos aspiran a llegar a la frontera de México con Estados Unidos.
Finalmente, la oficina reabrió, pero las autoridades migratorias aclararon en un comunicado que los cubanos, según las leyes mexicanas, no son elegibles para obtener el permiso que les permita cruzar México.
Datos ofrecidos por el INM a BBC Mundo indican, sin embargo, que de las casi 1.500 personas que se presentaron ante la oficina tras su reapertura, para solicitar la regulación de su paso por México, un 70% era cubanos.
¿Por qué están llegando más cubanos a México?
Los expertos consultados por BBC Mundocoinciden que durante los últimos meses tres factores han influido para contribuir a la “crisis migratoria” que viven cientos de cubanos en México.
Desde hace casi dos años, el gobierno de Trump cerró el consulado de EEUU en La Habana y suspendió el programa de reunificación familiar, que beneficiaría a 30.000 cubanos, lo que ha llevado a muchos a optar por una vía “alternativa”.
Con la crisis en Venezuela, las condiciones económicas de Cuba han empeorado, lo que ha llevado a muchos cubanos a buscar una salida desesperada de la isla.
Algunos países centroamericanos, como Panamá o Nicaragua, han ofrecido ciertas facilidades de visas a los cubanos, lo que, al decir de los expertos, ha convertido a estos países en un trampolín hacia EEUU.
Sin embargo, Willie Allen, un abogado de migración que ha atendido por décadas a cubanos que tramitan sus solicitudes de asilo en EEUU, cree que las propias políticas hacia la migración del presidente de Estados Unidos han colocado a México “entre la espada y la pared” y lo han llevado a optar por las deportaciones como un mensaje simbólico para frenar la llegada de cubanos.
“La política de Trump ha incrementado los problemas en la frontera y los ha convertido en una crisis mucho más grande de lo que debería ser”, sostiene.

Un salvavidas para la asediada prensa venezolana

La falta de papel, el colapso económico del país y una alegada política de acoso del gobierno aceleraron la migración de los diarios venezolanos a internet. Han logrado mantenerse, pero tienen un duro camino por delante para sobrevivir, según informa un cable de la Agence France Presse.
“Era un rumbo del cual no nos íbamos a escapar”, dijo a la AFP Jorge Makriniotis, gerente de El Nacional, fundado hace 75 años y que sacó su última edición en papel el pasado 13 de diciembre.
Este rotativo imprimía tradicionalmente 72 páginas en cinco cuerpos diarios, pero desde 2013 redujo progresivamente su número de páginas hasta llegar a 16.
En 2013, el Estado creó una compañía que concentró la importación y distribución de papel, una medida que para Carlos Correa, director de la ONG Espacio Público, generó “dinámicas discriminatorias” al priorizar a los medios de línea oficialista.
Si bien el paso de los diarios a la web es una tendencia global, en Venezuela ese monopolio precipitó el salto. Desde su implantación, 58 diarios dejaron de circular, según Correa.
“Jamás hubo respuesta oficial” a los reclamos de la prensa, explica a la AFP la directora de El Impulso, Gisela Carmona, un periódico centenario del estado Lara (noroeste) que salió de las calles en febrero de 2018 tras un año sin recibir papel.
En su más reciente informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, la ONU señaló que en los últimos años “el gobierno ha tratado de imponer una hegemonía comunicacional con su propia versión de los hechos y creando un ambiente que restringe los medios de comunicación independientes”.
Con una inversión que supera el millón de dólares, El Nacionalapuesta todo a la web. El anterior “modelo de negocio no es rentable”, agrega Makriniotis, en una economía cuyo tamaño se redujo 50% desde 2013 y en hiperinflación.
Presiones
Aunque el paso a internet estaba en marcha, los periódicos mermaron por una “política sistemática” de asfixia, denuncia el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, mayor organización de periodistas del país. Decenas de radios y televisoras también cerraron.
El Nacionalperdió en 2018 una demanda presentada por el número dos del chavismo, Diosdado Cabello, por publicar reportes de medios españoles que lo acusaban de narcotráfico. La indemnización no ha sido fijada.
Makriniotis sostiene que, en pleno asedio, las pautas comerciales cayeron hasta desaparecer. Según la privada Conindustria, el 80% de las empresas cerraron en Venezuela en las últimas dos décadas.
Cuando abrió su quiosco hace 18 años en Caracas, Carminda Márquez vendía decenas de diarios y otras publicaciones. Despachaba unos 80 periódicos diarios.
“Vendo tres o cuatro ahorita”, se lamenta Carminda, de 80 años, con una oferta reducida a unas pocas cabeceras, en su mayoría oficialistas.
El diario regional Panorama(Zulia, noroeste) dejó de imprimirse el 14 de mayo durante una “tormenta perfecta” de masivos apagones, cuenta a la AFP su directora editorial, María Inés Delgado.
Iluminada con una planta eléctrica, la que fuera una ajetreada redacción se vació con la renuncia de trabajadores que migraron por la crisis. “Reemplazaba uno y se iba otro”, relata Delgado.
Panoramamigró a la web con un portal que aún no es rentable, apunta la directora, tras desaparecer los avisos, su principal soporte.
Medios como El Impulsose sostienen con bannerspublicitarios del extranjero, refiere su directora.
Donaciones como sostén 
Los medios digitales, que intentan llegar a más gente y monetizar sus contenidos, enfrentan otros obstáculos de carácter tecnológico.
Venezuela, antaño vanguardia en Latinoamérica, es el segundo país con menor velocidad de conexión de banda ancha en la región, según el Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys). Solo en Paraguay es más lenta.
Esta es una situación que viene ocurriendo desde hace algunos años, como en su momento informó Cuaderno de Cuba(para más información pinchar aquí)
En un país con tarifas controladas, las empresas de telefonía afrontan serios problemas para mantener sus redes.
Además, los suscriptores de telefonía con celulares inteligentes cayeron de 13,2 millones en 2015 a 12 millones en 2018, según la estatal Conatel.
La penetración de internet se mantenía en el 60% en 2018, de acuerdo con la ONG Freedom House.
En ese contexto, medios como El Pitazo, ganador del premio Ortega y Gasset de Periodismo (2019), de España, buscan recursos mediante crowdfundings(financiamiento con donaciones) y postulando proyectos de investigación ante organizaciones internacionales.
“En 2017 hicimos un crowdfundingque nos dio recursos para sostenernos”, comenta a la AFP su director, César Batiz.
Como otras páginas web informativas, El Pitazoha sufrido ataques cibernéticos, incluyendo cuatro dominios bloqueados. De 110.000 visitas diarias antes del primer bloqueo en 2017, ahora roza las 52.000, 65% fuera del país.
"Las personas no están recibiendo información", resume Melanio Escobar, director de la ONG Redes Ayuda.

martes, 16 de julio de 2019

Descansa en guerra


Tras conocer que una nueva biografía sobre Susan Sontag — Sontag Her Life andWork, por Benjamin Moser— aparecerá en septiembre, recordé esta columna que salió publicada el domingo 2 de enero de 2005 en El Nuevo Herald:

Descansa en guerra

Nadie como Susan Sontag representó el compromiso intelectual —en el mejor sentido del término, lejos de los vicios partidistas— durante la segunda mitad del siglo XX. Personificó la vanguardia artística y política cuando ésta aún constituía un futuro. Luego se convirtió —siempre lo fue— en parte de la conciencia crítica de un mundo empeñado en repetir errores. 
Aunque Sontag deja una obra narrativa, es en sus ensayos donde radica su importancia. Sus “Notas sobre el Camp” no sólo ayudaron a definir un fenómeno. Ella nos libró de la culpa a la hora de disfrutar del artificio, al tiempo que dio cabida a lo cursi dentro de la sensibilidad artística. A partir de ese momento —para bien y para mal— el amaneramiento cuenta con un criterio estético. 
El concepto de lo Camp tuvo una gran importancia en la cultura homosexual cubana de la segunda mitad de la década de los años sesenta, que atravesaba uno de los períodos de mayor represión. Identificados con un criterio que reivindicaba buena parte de sus gustos, muchos homosexuales —obligados a escoger entre el clóset y la cárcel— repetían el nombre y las ideas de una autora por entonces aliada al proceso revolucionario. Vieron en ella no a una madrina, pero sí a una defensora —al menos en el campo estético— que podían mencionar frente a cualquier intento de ridiculizarlos. 
Precisamente el caso cubano es uno de los mejores ejemplos de la honestidad que obligó a Sontag a más de un cambio de opinión. De intelectual viajera a la isla pasó a ser una de sus críticas más destacadas dentro de la izquierda norteamericana. 
Toda muerte provoca la evocación. Fue una tarde de sábado, en el vestíbulo del Hotel Intercontinental de Miami, cuando por primera y única vez estuve sentado frente a Susan Sontag en un ambiente informal —gracias a que se encontraba allí Guillermo Cabrera Infante, que cambió de opinión sobre ella cuando ella cambió de opinión sobre Fidel Castro. 
Yo había salido de Cuba pocos meses antes, y tras las presentaciones generales el grupo reunido se dividió en conversaciones de dos y tres que hablaban en uno y otro idioma y al mismo tiempo. 
Durante un buen rato me limité a mirar a esa mujer que consideraba y era una celebridad desde mucho antes, cuando en La Habana oí hablar por primera vez del Camp y desprecié la idea. Su figura no dejaba de ser imponente. El rostro duro y el mechón de pelo blanco contribuían a darle una autoridad más física que intelectual —a mí al menos, que desconocía la mayor parte de su obra. Pero al mismo tiempo, había en ella una vitalidad y una franqueza en la sonrisa, que impedían que me sintiera intimidado. Por entonces tampoco sabía que esa vitalidad obedecía a una poderosa fuerza de voluntad, gracias a la cual había conseguido sobreponerse a un cáncer de mama, una mastectomía y las enormes dosis de radiación a las que se había sometido. 
Sontag parecía ajena a todo eso —no sólo a mi presencia— y se limitaba a chismear con alguien a su lado. Imaginé que estaban haciendo trizas a medio mundo intelectual neoyorquino y más allá de Manhattan. Esa es la polemista que vi aquella tarde y que nunca realmente llegué a conocer. Salvo por sus libros. Lo mejor de una vida que tanto luchó por conservar para seguir peleando siempre, imperecedera más allá del recuerdo de una tarde miamense. 

domingo, 14 de julio de 2019

En Venezuela la banalidad del mal tiene dos nombres: Chávez y Maduro


En 2000 Hugo Chávez intentó una “recolonización” de Venezuela con sus propios pobladores. La idea fundamental era revertir el flujo migratorio del campo a la ciudad, y para ello entregar a los campesinos tierras que estaban en manos de “muchos propietarios que en la realidad vivían en Miami o en Londres”. Hoy el fracaso de ese plan no se expresa solo en frases ideológicas y declaraciones políticas, sino en hechos simples.
Recorrer la vía de tal fracaso desafía los encasillamientos, aunque no lo aparente. Nada más fácil que resumirlo todo en la incapacidad para el desarrollo económico de cualquier engendro que se resume bajo la etiqueta de “socialismo” y en realidad niega hasta dicho concepto; constatar la falta de originalidad del chavismo en la copia burda del desastre castrista; alentar de nuevo lo peligroso que pueden resultar las utopías y las supuestas buenas intenciones de justicia social. 
Sin embargo, hay más. Así que lo mejor es limitarse a los testimonios.
El 17 de febrero del 2000 el periodista y escritor inglés Richard Gott publicó un reportaje sobre Hugo Chávez y la revolución venezolana con el título Robinson’s Footprintsen la publicación quincenal London Review of Books. El reportaje en cuestión luego pasó a formar del libro In the Shadow of the Liberator: The Impact ofHugo Chavez on Venezuela and Latin America.
El proyecto de Chávez entonces, según el periodista, era lograr el desarrollo de pequeños talleres, áreas agroindustriales y parcelas de autoconsumo, enfocados hacia un consumo interno de sustitución de importaciones y una vuelta a los cultivos indígenas.
Otro reportaje más reciente, que merece convertirse en novela y es de Karla Zabludovsky, The Heiress on the Hill,fue publicado el 23 de junio en BuzzFeed.News.
Este último muestra la dura realidad de los supuestos sueños de Chávez años más tarde. Es, además, una historia muy cercana a Miami. O mejor dicho, una historia que viaja y vuelve entre dos orillas. Aunque en realidad son tres las orillas.
Monte Sacro, en Carabobo, Venezuela. Una hacienda y una vivienda sobre una colina. El lugar encierra una historia no solo venezolana, sino latinoamericana, que puede ser contada en tres momentos.
Según la leyenda perteneció a Simón Bolívar en el siglo XIX. De acuerdo a los documentos fue adquirida primero por Nelson Rockefeller, en la década de 1950, y luego por el exiliado cubano Jorge Ruiz del Vizo, a comienzos de los años 80. Su hija y heredera, Vivian Ruiz del Vizo, tras una batalla legal de dos años logró retener el título de la propiedad, pero sin derecho a venderla o alquilarla.
El resultado es, ante todo, una mezcla de contrastes.
En la época de Rockefeller la hacienda se caracterizaba por sus campos sembrados de papas, la cría de ganado y la existencia incluso de caballos entrenados para jugar polo. Existía explotación y los trabajadores se consideraban mal pagados. Sin embargo, más de uno añora esa época donde el dinero le servía mejor que en la actualidad para adquirir productos.
Los campesinos creyeron que durante el chavismo les serían entregadas parcelas de tierra, pero en su lugar estas quedaron en manos de una “cooperativa”, administrada por un coronel. 
La realidad actual es que las siembras están paralizadas por falta de semillas; los tractores ya no funcionan; quienes cultivaban la tierra ayer están hoy desnutridos y viven de lo que pueden conseguir de forma más o menos legal; la piscina en este momento solo almacena un agua verdosa que se utiliza para descargar los inodoros. En general falta, el agua, la electricidad, el internet y el servicio telefónico.
Mientras, la propietaria, antigua vecina de Miami, aguarda por la caída del régimen de Nicolás Maduro.
Sigue asombrando esa capacidad para crear daños, en un radicalismo que ni siquiera saber perderse en el vacío, sino persiste en la miseria.

jueves, 11 de julio de 2019

Fascismo: castrismo, chavismo, madurismo


Desde hace décadas los cubanos conocen las similitudes entre el fascismo italiano y el régimen de La Habana. No son simples coincidencias. También los venezolanos llevan años bajo igual azote y así lo han señalado. Una calamidad que no reconoce ni idiomas ni fronteras, se extiende sin remedio a la vista. 
El régimen bajo el mando de Fidel Castro siempre fue profundamente fascista, solo que llegó al poder con atraso, en un momento en que tal denominación ya estaba cubierta de ignominia. Raúl Castro estableció breves reformas económicas destinadas exclusivamente a la sobrevivencia del sistema, y por ese camino transita en la actualidad el presidente Miguel Díaz-Canel. Ripios a cuentagotas en permitir timbiriches e intentos de seducción de grandes capitales, pero en lo político una continuidad absoluta o casi absoluta.
Umberto Eco enuncia 14 características típicas de la ideología fascista en su artículo Ur-Fascismo. Eco dice que es suficiente que una de ellas esté presente para permitir que el fascismo se aglutine a su alrededor. Desde hace mucho tiempo el sistema impuesto en Cuba cumple a plenitud y supera esa cifra limitada. 
Según el ensayista y novelista italiano, en un sistema fascista no hay lucha por la vida, sino que la vida se vive para la lucha. En tal perspectiva, todo el mundo es educado para convertirse en un héroe. En toda mitología, un héroe es un ser excepcional, pero bajo la ideología del fascismo total, el heroísmo es la norma. Este culto al heroísmo está directamente vinculado al culto de la muerte.
Hay elementos comunes que se encuentran en sistemas fascistas o “ur-fascistas”, los cuales, a la hora de la categorización, superan una simple distinción ideológica entre la derecha y la izquierda, y que tienen que ver con el rechazo a la democracia parlamentaria; el ataque a la sociedad liberal[1]y abierta; la fascinación por la violencia, el caudillismo y la imprescindible necesidad de un “líder”.
Octavio Paz ya alertaba sobre la relatividad de ciertas categorías al uso ello en un artículo publicado en el número 168 de la  revista Vuelta, en noviembre de 1990, y señalaba que mientras “las denominaciones ‘izquierda’, ‘derecha’ y otras semejantes no son confiables, sí lo son, en cambio, las actitudes, las ideas y las opiniones”. Y más adelante agregaba: “¿Izquierda o derecha? Lo que cuenta no son las denominaciones sino las actitudes”.
Bastan algunas referencias de lo que significó Mussolini para Italia y el mundo, y ver como ahora el régimen de Caracas —continuando la vía establecida en Cuba— las repite. Lo que comenzó en Venezuela durante el gobierno de Hugo Chávez, ha adquirido una manifestación mayor bajo el mando de Maduro, con un régimen en el cual aumentan las denuncias de un ejercicio cotidiano de la tortura.
“Los derechos políticos están en cuestión en Venezuela, todo aquel que no esté de acuerdo con lo que establezca Maduro es señalado de enemigo”, señala Cristopher Figuera, exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), la temida policía política venezolana, en entrevista desde Miami con el diario español El País.
Fascismo italiano
El Partido Fascista de Benito Mussolini nació bajo la bandera de que era la fuerza destinada a establecer un nuevo orden social, pero fue financiado por los terratenientes y las capas más conservadoras de la sociedad italiana.
En su comienzo, el fascismo fue un movimiento urbano de tendencia republicana, que contaba con un amplio apoyo entre la clase media y que se extendió a las áreas campesinas. El primer gobierno de Mussolini incluyó tanto a ministros liberales como populistas, hasta tener la fuerza suficiente para establecer un régimen totalitario, que subsistió durante 20 años proclamando su lealtad al rey Víctor Manuel III y a la familia real. Sin embargo, cuando el Rey destituyó y encerró a Mussolini, este reapareció con el apoyo nazi proclamando una nueva república.
Mussolini fue en un comienzo un militante ateo que incluso retó a Dios a que lo destruyera como prueba de su existencia, pero no solo pactó con la Iglesia Católica y reconoció la soberanía del Estado vaticano, sino que gobernó con el beneplácito del papa Pío XII, los obispos y la curia romana.
A diferencia del nazismo y el comunismo soviético, que no permitieron la menor muestra de disidencia en los terrenos del arte y la cultura, bajo el fascismo italiano fueron toleradas manifestaciones artísticas y literarias que se apartaban del oficial estilo grandilocuente.
¿Quiere esto decir que existió en Italia una mayor tolerancia que en Rusia o en Alemania? Nada de eso, el líder comunista Antonio Gramsci murió en la cárcel, el diputado opositor Giacomo Matteotti fue asesinado por una grupo de rufianes fascistas y el propio Mussolini se responsabilizó del hecho.
A su regreso, durante el gobierno establecido en Saló bajo el respaldo alemán, el Duce prometió fusilar a los miembros del Gran Consejo que habían votado en su contra, entre ellos su yerno, el conde Galeazzo Ciano, al que ejecutó por la espalda. Cuando algo realmente amenazaba su poder, el dictador italiano sabía que la mejor manera de resolverlo era por la vía rápida: eliminando al contrario.
Fascismo venezolano
El poschavismo degeneró con rapidez y violencia hacia un fascismo rojo. Los que en este momento mandan en Venezuela están decididos a eliminar mediante el atropello las opiniones disidentes. Desde el inicio amenazaron con encerrar a los que expresaban pacíficamente su desacuerdo con un “heredero”, que pronto acabó despojándose de cualquier disfraz democrático, y lo han cumplido con puntualidad y entusiasmo
El gobierno de Nicolás Maduro no se inició donde lo dejó Chávez, sino donde lo comenzó Fidel Castro en Cuba: con la amenaza de meter en la cárcel a quien se le opusiera —que cumplió de inmediato— y una campaña de desinformación destinada a desprestigiar a todo aquel que consideraba un enemigo.
Maduro y Diosdado Cabello no perdieron un minuto en dejar en claro que con ellos no había diálogo y negociación posible: acatar o sufrir las consecuencias. Todos los simulacros de conversaciones emprendidos en los últimos años no son más que subterfugios para ganar tiempo.
Por supuesto que han recurrido a ese viejo expediente de hablar del peligro de golpe de Estado, incitación al caos y los desórdenes por parte del bando contrario, así como tampoco se han demorado un segundo en lanzar acusaciones de que han sido los opositores pacíficos los responsables de las muertes ocurridas durante las diversas manifestaciones ocurridas en los últimos años.
En los primeros tiempos de su gobierno, Maduro sustentó en parte su presencia a través de la farsa cotidiana, donde declaraciones sobre supuestos atentados, conspiraciones e intentos de golpes de Estado se repetían a diario junto a discursos disparatados como la “aparición” de Chávez bajo la forma de un pajarito o las payasadas más diversas, donde el desconocimiento y la confusión del significado de las palabras se intercambiaba con chapurrear inglés y lanzar amenazas. Pero cada vez más el represor se ha impuesto, por la inutilidad del payaso para sustituir al  verdugo.


[1]En la acepción clásica del liberalismo como doctrina política y económica, tal y como fue formulada por John Stuart Mill y se utiliza en Europa.

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...