domingo, 4 de agosto de 2019

Cercanos pero diferentes: los últimos dos tiroteos masivos en EEUU


Aunque separadas por pocas horas, las limitadas informaciones que comienzan a publicarse sobre las matanzas en El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio, parecen indicar de que, más allá de las muertes y el horror, se trata de dos hechos producidos con situaciones y motivaciones diferentes, por parte de los atacantes. Aunque en el debate político que han reiniciado se verán de forma similar o diferente según la óptica de cada cual. Ello en parte por la propia naturaleza de ambas. Mientras los republicanos tratarán de enfatizar lo ocurrido en Dayton, para destacar la irracionalidad del perpetrador, así como la rapidez y eficiencia de la respuesta policial, los demócratas ya han comenzado a limitarse al ataque de Texas.
De momento el atacante de Ohio trae a la memoria a Stephen Paddock, quien en 2017 llevó a cabo en Las Vegas la mayor matanza masiva con un arma de fuego en la historia de Estados Unidos.
Paddock resultó más que un enigma, más que la peor de nuestras pesadillas: escenificó lo siniestro freudiano en un estado puro; una vivencia contradictoria donde lo extraño se nos presenta como conocido y lo conocido se torna extraño.
Ese sentimiento, donde se mezcla lo familiar y lo conocido con una sensación de extrañeza.: la monstruosidad gratuita.
Los hombres perpetúan el mal, de forma constante, aunque nos resulta difícil admitirlo. Nos es imposible lidiar con ello y tratamos de ocultarlo, enmascararlo. Tergiversamos recuerdos y acontecimientos; inventamos pasado y presente para seguir viviendo. Construimos una ficción que nos satisface, y esa ficción es muchas veces personal y propia, pero también política, como nación.
Lo ocurrido en Ohio desafía las explicaciones en que se busca explotar la maldad hacia el otro (lo ajeno) y el cierre de fronteras; nos enfrenta a ese mal insondable, que suele —o puede— albergarse en nuestro interior y en ocasiones explota. Pero lo que pasó en Texas no. El intentar envolver ambos sucesos bajo el mimo manto será una tergiversación que poco sorprende. En Dayton todo indica que ocurrió mucho más a las claras el socorrido recurso de limitar estos ataques cada vez más frecuentes a una alteración mental: la locura como explicación política.
En El Paso, Texas, el odio racial parece ser el motivo determinante. Por supuesto que aquí también hay enajenación, pero limitar el fanatismo y la intolerancia a las características individuales encubre parte del problema: el caldo de cultivo social que viene alimentando a la proliferación de este tipo de delito. Los crímenes de odio han aumentado en Estados Unidos desde el comienzo de la presidencia de Donald Trump. Ya han salido a relucir las semejanzas en actitudes y palabras entre lo dicho y lo que parece ser un documento realizado por el ataque en Texas y la retórica racista explotada por Trump. Señalar un vínculo directo implicaría caer en otra forma de tergiversación, pero pasar por alto dichas coincidencias y encerrarse en una explicación psiquiátrica equivale a cerrar los ojos ante un grave problema que enfrenta la sociedad estadounidense.

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