jueves, 29 de agosto de 2019

El crimen paga


A pesar de fundamentarse en “una historia real”, en Can You Ever Forgive Me?, el libro de memorias de la autora y falsificadora literaria Lee Israel, llevado al cine por la realizadora estadunidense Marielle Heller, todo —la trama, las actuaciones; hasta el decorado y la reproducción de una época tan cercana con teléfonos y computadoras de entonces— gira en torno al acomodo dentro del mundo de las  publicaciones. 
Ello con el apropiado paisaje neoyorquino de un West Manhattan ahora transformado, como telón de fondo neoyorquino, más que  la crítica que aparenta hacia dicho trasiego. 
Por ello en la película la ironía y el cinismo terminan cediendo el turno a situaciones comunes, males conocidos, desenlaces esperados y soluciones gastadas, para convertirse en un filme que roza la banalidad y admite la impunidad como parte de la fama.
No importa que ocurriera así en la realidad (bueno, en la versión de Israel). Es que al inicio uno espera otra cosa. Casi puede afirmarse que Can You Ever Forgive Me? traiciona.
Si el mérito mayor de la protagonista fue falsificar vidas más que cartas, al final hace una mala falsificación de la suya.
Su aparente redención no es más que una muestra de esa debilidad se que esconde bajo el desplante y una sinceridad que llega a la grosería. Solo que el disfraz no es lo que resulta pálido sino la persona.
Aunque la película prefiere no hacerlo más explícito, no por ambigüedad artística sino por facilismo ante la taquilla o el talento.
Lo único que se salva es la actuación de Richard E. Grant, un formidable actor en papeles secundarios que se convierten en primarios. Desde Henry & June, Grant ha agregado valor el poder disfrutar a más de una película, o incluso salvado la ocasión. Ese homosexual deslenguado, frágil y duro al mismo tiempo recordar a más de un conocido.
También Melissa McCarthy como Israel es una grata sorpresa. por su capacidad para un rol dramático tras la costumbre de verla en papeles cómicos, tanto en cine como en televisión.
En Can You Ever Forgive Me?hay no solo frustración y desengaño, sino verdadera tragedia. No solo por tocar casi tangencialmente el tema de la epidemia de sida sino por mostrar los entretelones del comercio literario y editorial, así como la frivolidad y la estafa tras la fama que rodean al deslumbramiento por el escritor de éxito. Celebridad de la que se nutren aprovechados —y hasta estafadores—, por lo general de apariencia amable y cultura real o impostada. 
La búsqueda del chisme, el detalle mordaz, en las cartas falsificadas de creadores como Noël Coward, Edna Ferber y Dorothy Parker se convierte en el anzuelo perfecto para vender a incautos e ignorantes, o mediadores que tienen acceso directo a estos. 
Esto ocurre no solo es el caso de documentos fabricados, porque el delito mayor que cometió Israel, y por el cual cumplió una pena mínima —prisión domiciliario y libertad condicionada— fue la apropiación de originales de los archivos para venderlos, y sus sustitución por copias hechas por ella para encubrir sus robos.  
Junto a la conocida falsificación artística, hay otra industria —a veces menor, otras no tanto— de cartas, autógrafos, fotos y dedicatorias que permiten sobrevivir a algunos y enriquecerse a otros, gracias al poder adquisitivo de una elite despiadada en el pago de salarios, beneficios y recompensas, pero generosa cuando ven la posibilidad de agregar un objeto más para la ostentación que para el conocimiento.
Sin embargo, en esta película este tema —presente pero no lacerante— ocupa un segundo lugar gracias a las características de los personajes.  Can You Ever Forgive Me?es sobre todo una película de actores. Este es su mérito más destacado, pero también su mayor limitación.

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