sábado, 24 de agosto de 2019

El mapa y el territorio


El mapa no es el territorio. El concepto fue acuñado por Alfred Korzybski, quien fue el primero en utilizarlo en neurolingüística. 
El significado proviene de una historia, quizá una leyenda. Durante la Primera Guerra Mundial, Korzybski cayó junto con la tropa que dirigía en una profunda zanja que no figuraba en ninguno de los mapas al uso para el avance de las tropas.
Según Korzybski, un mapa no es el territorio que representa, del mismo modo que una palabra no es el objeto que nombra.
El conocimiento que tenemos del mundo está limitado por la estructura de nuestro sistema nervioso y la del lenguaje. Conocemos el mundo por medio de mapas mentales, y cada individuo tiene su propio mapa mental.
Korzybski —que había nacido en Varsovia en1879 y murió en Connecticut en 1950— fundamentó su idea en 1931, ante la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, en Nueva Orleans. Luego apareció en su obra Science and Sanity(1933) y más tarde se convirtió en un postulado básico de la Programación Neurolingüística (PNL).
Pero no siempre Korzybski se dedicó a la ciencia. Había sido primero oficial de inteligencia del ejército zarista y en 1916, tras ser herido durante la Primera Guerra Mundial, actuó como coordinador de aprovisionamiento de artillería para el frente, desde Canadá y Estados Unidos.
Cada persona crea su propio mapa de la realidad. Por supuesto que hay muchos elementos comunes entre los miembros de una familia, una comunidad, un país o quienes comparten un idioma y una cultura. Pero en esa elaboración del mapa personal, que se extiende durante toda la vida, hay sentimientos, percepciones y aspectos que se suprimen —muchas veces de forma inconsciente—, porque se consideran que no nos representan o que no están bien representados en lo que vemos y sentidos.
También ese mapa es responsable, en gran medida, de la resistencia al cambio; de lo que difícil que puede resultar adaptarse a una nueva situación. Someterse a un cambio muchas veces se interpreta como una pérdida de control.
Si un mapa no es exactamente el territorio que representa y una palabra tampoco es el objeto a que se refiere, el concepto de objetividad tiene que considerarse con mucho cuidado y hasta cierta reserva. Hay un condicionamiento mental para ver, oír, sentar y expresar las cosas de cierta manera.
Podría pensarse que con los avances tecnológicos, “los mapas” —en un sentido general del término que trasciende la geografía— se acercan cada vez más al territorio; pero también esos mismo avances actúan en sentido contrario: como reforzamiento de prejuicios, conclusiones erróneas y visiones tergiversadas.
Junto a la globalización, ha aumentado también la “tribalización”, sobre todo en política. Y el concepto del mapa y el territorio —más allá de lo farragoso que pueda parecer la explicación— resulta básico para comprender la atracción que en la actualidad ejercen las falsas noticias y para penetrar en el mundo de la pos verdad.

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