sábado, 24 de agosto de 2019

Ingrid

Para muchos, al menos para mí, Ingrid Bergman siempre fotografió mejor en blanco y negro que en color. O tendré que reconocer que hay dos Ingrid Bergman y que la versión en color resalta lo que no me gusta en la actriz —una pantalla falsa a que terminó adaptándose, actuaciones desiguales y cierta ñoñería imperdonable—, mientras en blanco y negro su belleza opaca todo lo demás. Lo cierto es que más allá del mito y de Casablanca y de Hitchcock, es ella en buena medida la que contribuye a que las seis películas dirigidas por Rossellini —en su momento fracasos de público y crítica— se puedan ver hoy no como simples muestras de buen cine: se disfruten con un agrado visual que trasciende la trama, la excelente dirección y cualquier interpretación ética o filosófica.

No hay comentarios:

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...