jueves, 22 de agosto de 2019

Marx

Admirado y rechazado por igual, la figura de Karl Marx no admite los términos medio, y él nunca los buscó. Nunca más cierto aquello del “hombre y sus circunstancias”. Siempre encontramos al hombre bien definido —y definitorio en exceso, lo que no implica que no hubiera cambios en su pensamiento y vida—, mientras que las circunstancias son diversas e invitan a la polémica. 
En Marx no hay enigma, se conoce al detalle lo que hizo, donde vivió, lo que pensaba en cada momento. Pero las consecuencias de lo que pensaba —u otros suponen que pensaba— han tenido más importancia que sus acciones; que a veces incluso fueron mínimas y puntuales.
Por ello el legado de Marx, más que confuso, es difuso: se dilata excesivamente. Siempre estamos hablando de un Marx que no queremos ajeno o que tratamos de alejar hasta lo imposible. Nunca es realmente Marx sino lo que hubiéramos querido que fuera. Señalamos intenciones que no se materializaron entonces pero luego sí. Enfatizamos malinterpretaciones que lo desvirtuaron. Narramos desconocimiento, traición o fidelidad.
Marx casi nunca se afirma como sujeto, se extiende en consecuencias singulares, pese a que son producidas por otros: excusa, pretexto, justificación, siempre un motivo que luego puede eludirse como causa. Marx no es Marx sino lo que queremos o creemos que fue Marx.

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