viernes, 16 de agosto de 2019

¿Por qué Groenlandia aviva el apetito comprador de Trump?


¿Puede Estados Unidos comprar Groenlandia como lo hizo con Luisiana en el pasado? La iniciativa de Donald Trump parece ser el último capricho de un presidente al que definitivamente le gusta alejarse de los códigos diplomáticos.
Aunque también revela el creciente interés estratégico de Estados Unidos por el Ártico, por el que se enfrenta con Rusia, pero también con China, según la AFP.
De acuerdo al periódico The Wall Street Journal, que informó el jueves que la idea estaba siendo evaluada, los propios asesores de la Casa Blanca tuvieron reacciones encontradas en cuanto a la seriedad que se le debía dar a la solicitud del presidente. Pero el exmagnate inmobiliario habría preguntado varias veces sobre la posibilidad de que Washington comprara la gigantesca isla ártica de 56.000 habitantes.
Sin embargo, el presidente se enfrenta a un problema: Groenlandia no es una de esas pequeñas islas paradisíacas que los más ricos pueden pagar. Y, por otro lado, las relaciones internacionales han cambiado un poco desde 1803, cuando la Francia de Napoleón Bonaparte vendió Luisiana a Estados Unidos.
En otras palabras, Groenlandia está “abierta a los negocios, no a la venta”, según dijo el viernes el propio gobierno de Groenlandia.
La isla está institucionalmente unida a Dinamarca, a donde Trump tiene que ir en dos semanas, pero tiene el estatuto de territorio autónomo desde 1979.
Detrás del interés presidencial se esconde una creciente concientización en Estados Unidos de la importancia de Groenlandia, pero también, en términos más generales, de toda la región del Ártico.
“La administración descubre, muy tarde, el papel geoestratégico del Ártico”, dice a la AFP Heather Conley, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.
Además de la visita de Trump a Dinamarca, el vicepresidente Mike Pence viajará a Islandia a principios de septiembre para “expandir las oportunidades comerciales” y “mejorar la seguridad en la región ártica”. Y el jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, participó en mayo en Finlandia de una reunión del Consejo Ártico.
Su discurso fue considerado un punto de inflexión en la participación de Washington.
“La región se ha convertido en un espacio de poder mundial y de competencia”, dijo. Pero también denunció “la actitud agresiva” de Pekín y Moscú, subrayando su sospecha sobre las masivas inversiones chinas y las “acciones provocadoras” del ejército ruso.
Para Luke Coffey, experto de Heritage Foundation, “Rusia está en su derecho” de desarrollar sus actividades militares en su casa, ya que posee la mitad del territorio del Ártico.
“El problema es que no hay garantía de que Rusia permanezca dentro de sus fronteras”, dice a la AFP refiriéndose al intervencionismo de Moscú en Georgia, Ucrania o Siria.
China, por su parte, sin ser una potencia regional por derecho propio, ha desarrollado una presencia principalmente económica y científica. Está tejiendo su red para ganar mercados y espera eventualmente beneficiarse de la ruta del norte, que acorta el camino entre los océanos Pacífico y Atlántico.
Estados Unidos “abandonó la región después del fin de la Guerra Fría”, asegura Conley, estimando que el gobierno de Trump debe llevar a cabo una política que pase de las palabras a la acción.
En este contexto, Groenlandia es “estratégicamente importante”, agregó.
“Groenlandia es absolutamente vital para la defensa y la seguridad de América del Norte”, añade Coffey, subrayando la importancia de la base aérea estadounidense de Thule, con sus radares indispensables para la defensa antiaérea.
Para hacer frente a Rusia y China, el experto sugiere ampliar la presencia diplomática estadounidense, en momentos en que Pompeo anunció una representación “a tiempo parcial” en Nuuk, la capital del territorio autónomo.
Pero también para fortalecer los lazos económicos con Groenlandia, rica en recursos naturales (petróleo, gas, oro, diamantes, uranio, zinc, plomo) y donde Pekín tiene una licencia para una mina de tierras raras.
En su discurso en Finlandia, Pompeo mencionó que “la reducción regular del hielo marino abre nuevas vías de paso y ofrece nuevas oportunidades comerciales”.
Sin embargo, fiel al escepticismo del gobierno de Trump en este tema, el diplomático no mencionó el cambio climático. Y los defensores medioambientales denunciaron sus dichos como cínicos, puesto que territorios enteros —como Groenlandia— están amenazados por el calentamiento global.

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