viernes, 23 de agosto de 2019

¿Sociedad civil en Cuba?


Opositores, activistas y legisladores cubanoamericanos repiten una contradicción que la prensa digiere y amplifica sin criticar: hablan de fortalecer o fomentar la sociedad civil en Cuba.
Si en la isla hay un régimen totalitario —y poco apunta a considerar que esta no es la condición nacional—, quedan pocas esperanzas para la elaboración de dicha sociedad civil, que sería más bien parte de la tarea de reconstrucción del país tras una transición. Así lo indica la historia: no existía sociedad civil en la Unión Soviética (URSS) o en la Alemania nazi.
Bajo el mantra de sociedad civil se cobijan los intereses y aspiraciones más diversos. El invocar la sociedad civil en Cuba se ha convertido en un criterio de moda o de alcancía en la mano.
Sin embargo, más allá de una discusión sobre el concepto, vale la pena analizar cuánto avanza una táctica que busca establecer ese tipo de sociedad en las condiciones actuales cubanas, y aventurar su futuro.
El problema fundamental es que el totalitarismo implica por naturaleza la absorción completa de la sociedad civil por el Estado. Ha ocurrido en Cuba, donde unas llamadas “organizaciones de masas” —y los satélites que se desprenden de ellas— por décadas se definieron con orgullo militante como simples correas trasmisoras de las “orientaciones” del partido.
Ello no ha impedido la impudicia de que en la actualidad reclamen un papel civilista e incluso aspiran a ser consideradas —y financiadas desde el exterior— como organizaciones no gubernamentales (ONG). Si bien ahora buscan venderse con sones para turistas, no dejan de ser las mismas marionetas que cuando se crearon a imagen y semejanza de las existentes en la URSS.
Si burdo es el régimen cubano al intentar subirse al tren de la sociedad civil en la actualidad, tampoco la originalidad caracteriza al gobierno estadounidense y a quienes apoyan financieramente —bajo el manto de la disidencia— unos grupos que no trascienden el publicitar su condición de víctimas; que lo son, aunque en lo que respecta al rol propagandístico del victimario, poco hay que añadir a dicho ejercicio en favor del avance de una causa.
El empeño no es nuevo. Se origina en la Europa del Este —donde existía un régimen represivo al igual que en la URSS, aunque no con igual absolutismo—, cuando los disidentes de esos países comenzaron a hablar de las posibilidades de un restablecimiento democrático mediante el resurgimiento de la sociedad civil.
En la práctica dicha sociedad nunca fue establecida; en buena medida no ejerció una incidencia fundamental en la desaparición del “socialismo real” y los  movimientos opositores tuvieron una existencia efímera: algunos un paso fulgurante por el gobierno y una vida por delante fundamentada en vivir de la nostalgia. Cumplió sin embargo un papel clave en la creación de falsas esperanzas.
Largo es el rosario que tiene el caso cubano por intentar trasladar modelos foráneos. En el camino de la transición se parte de la falacia de que existen constantes en las políticas de cambio y se descuida el análisis de las circunstancias específicas.
Tenemos entonces dos visiones disímiles —y en ocasiones contradictorias— sobre una posible sociedad civil cubana. Una enfatiza el plano político y destaca la existencia de grupos de denuncia de abusos, que en buena medida justifican su existencia mediante dicha retorica de la victimización y dependen del financiamiento de Washington y Miami para su existencia. La otra apunta al plano económico y ve el surgimiento de una esfera laboral, independiente del Estado —es decir, el gobierno—, como la vía necesaria para el fundamento de una sociedad más abierta;  pero que en la actualidad, para su desarrollo, enfrenta una rígida oposición, tanto por parte de las esferas de poder en Washington como de La Habana.
En ambos casos, las limitaciones sobresalen por encima de los logros.
Persiste entonces la limitante fundamental que la creación de una verdadera sociedad civil buscaría eliminar: el mantenimiento de una doble moral, donde la hipocresía constituye uno de los principales recursos para sobrevivir.

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