martes, 12 de noviembre de 2019

Sobre la caída de Rivera y Ciudadanos


En España la vida nunca es fácil para los partidos que definen al centrismo como su razón de existir. En parte por el propio carácter español, que tiende al extremo, la reacción emocional y el exabrupto; en buena medida por el propio sistema electoral, que favorece a los partidos mayoritarios, aunque ahora menos que años atrás. La realidad es que más de uno de aquellos que han buscado romper la bipolaridad ideológica, ha terminado en el fracaso. Brillaron en un momento, atrajeron a intelectuales de peso, escritores de talento, analistas brillantes, tecnócratas destacados, economistas de mérito, y terminaron en nada. Un historial que ya es largo: UCD en 1982, CDS a comienzos de 1990, UPyD entre 2011 y 2015. Ahora Ciudadanos se suma a esa lista.
Aunque por otra parte, la situación no indica necesariamente una excepcionalidad española. Partidos similares, los liberales alemanes, británicos o suecos, obtienen resultados entre el 5% y el 15% del voto. Hay momentos en los que parece que su papel será destacado, como quizá ocurra en la próxima elección británica, pero luego retornan a una función menor, que los diferencia poco de lo que les ocurre a los partidos centristas en Portugal, Italia y Grecia: ni gobiernan, ni influyen, ni existen.
Solo que en el caso de Ciudadanos, hay ciertas peculiaridades propias, que explican tanto su auge como su caída. Construido a imagen y semejanza de su líder, Albert Rivera, es muy posible que no sobreviva a la renuncia de este, que se produjo tras la debacle electoral que deja al partido con solo 10 escaños de los 57 que tenía en el Congreso. Aunque aún sus miembros pueden albergar esperanzas gracias a la existencia de figuras como Inés Arrimadas, Luis Garicano y Begoña Villacís. No, en última instancia Cs no es UPyD, donde tras Rosa Díez había figuras de renombre intelectual, como Fernando Savater y Mario Vargas Llosa, pero de poca —o pobre— trayectoria política.
Su propio origen terminó limitando a Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (Cs). Nació en Cataluña como un partido moderno que preconizaba la eficiencia y honestidad, con una vocación ideológica liberal[1] moderada y radicalmente opuesto al nacionalismo catalán. Este anti nacionalismo local le sirvió para ganar popularidad y prestigio desde el estallido del conflicto, pero al mismo tiempo terminó por ofuscar su identidad cuando terminó por acercarlo a un ultranacionalismo español. Ahora ha sido víctima también de la fagocitación perenne que siempre ha dominado la política española —sea Podemos hacia el PSOE o Cs hacia el PP— y la aparición y el sorpresivo auge de Vox le ha pasado la cuenta: para los españoles más preocupados agresivos contra el nacionalismo catalán —que solo mira su ombligo y es más agresivo aún— lo que se ha dado en llamar “ultraderecha española” ofrece mayor consuelo emocional y esperanza.
Quizá fue el triunfo lo que le tendió la mayor trampa a Rivera —y esto es alarmante porque en una cuerda floja similar lleva transitado desde hace algún tiempo Sánchez y puede terminar cayendo también—, aunque era muy difícil resistir la tentación. Cuando tras la votación del 28 de abril vio que apenas 220.000 votos separaba a su agrupación del Partido Popular (PP), el sueño de liderar el bloque conservador se convirtió en su única meta: la tentación del sorpasso fue demasiado fuerte.
Una doble pena porque en más de una ocasión Ciudadanos había ejercido la función para la que parecía destinado, el de ser un partido bisagra. Si tras la elecciones autonómicas y municipales de 2015, Ciudadanos apoyó la investidura de los candidatos de los partidos más votados, pero que no tenían mayoría suficiente —el PSOE en Andalucía y el PP en Madrid, La Rioja, Murcia y Castilla y León—, en febrero de 2019 declaró que no pactaría ni con Pedro Sánchez ni con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tras las elecciones generales, si bien esta decisión se circunscribe solo a La Moncloa, y no afectaba a los gobiernos autónomos y municipales. Esta posición la mantuvo Rivera hasta vísperas de la repetición electoral, que acaba de ocurrir, y ante un fuerte retroceso en las encuestas. Entonces rectificó y se mostró dispuesto a pactar con Sánchez si tras el 10 de noviembre la derecha no tiene números para gobernar (lo que acaba de ocurrir).
En el tránsito de ser un partido liberal en lo económico, progresista en causas sociales como la igualdad de género y los derechos de las mujeres, centrista, europeísta y moderado, Ciudadanos terminó no solo buscando la supremacía dentro de la derecha sino representar la crispación en torno al conflicto catalán que agrupa a los partidarios de Vox. Pero falló en todos estos objetivos y ahora ya no está al borde del abismo sino en lo hondo del precipicio.

[1]Según la acepción que este término tiene en la política europea, que se diferencia de su uso en la política estadounidense.

No hay comentarios:

Bouguereau, sociedad y erotismo

La obra de William-Adolphe Bouguereau recorre con facilidad y simpleza dos mundos afines y contradictorios: la pintura de la segundad m...