viernes, 3 de enero de 2020

¿Y si, después de todo, vamos a la guerra?


Después de meses —¡años!— en que uno pensó que Donald Trump era más retórica que acción, bravuconería que resultados, el ataque que produjo la muerte de Qassem Soleimani abre una nueva dimensión de incertidumbre y temor.
Todas las declaraciones, la palabrería gastada empleada por Trump y sus adláteres —entre los que se encuentran los senadores floridanos, no oficiales pero siempre oficiosos— cuenta poco. Nos enfrentamos a un peligro real de guerra, que, cosa extraña. pensábamos que no entraba en los cálculos del mandatario.
Pero la realidad se impone. Quien ocupa la Casa Blanca parece dispuesto —o mentalmente subordinado— a poner las decisiones en manos de los militares. Difícil imaginar pero situación. Pongamos por caso que un joven e inexperto presidente como Kennedy hubiera dejado a los militares decir los pasos a seguir durante la Crisis de Octubre.
Lo cierto es que desde el ataque en Bagdad la imagen de un joven Trump con uniforme de cadete —como soldadito de plomo a la venta en Le Bon Marché— se hace cada vez más presente: ¿y si al final resulta que todo no es más que un irresuelto complejo entre la cobardía real y la supuesta gloria? 

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