miércoles, 11 de marzo de 2020

Trump, Biden y las mentiras


Primero el objetivo fue Bernie Sanders, al que Donald Trump tildaba de “loco”, pero con la resurrección de Joe Biden, tanto el presidente como su campaña de reelección y sus fieles fanáticos han girado el foco de sus ataques hacia el exvicepresidente de Barack Obama.
La contra campaña electoral de Trump se basa en desarrollar una total operación de descrédito que cale entre los votantes y que ya fue utilizada contra Hillary Clinton en 2016, cuando se puso en duda la salud física de la aspirante demócrata a la Casa Blanca, informa el diario español El País.
Trump ha cuestionado de forma continuada la capacidad de Biden, de 77 años, hasta el punto de declarar en sus mítines que, de ser elegido, el demócrata acabará por gobernar el país desde un asilo de ancianos. En esos ataques también se incluyen referencias a las meteduras de pata del exsenador. “No quiero ser demasiado crítico”, explicaba con ironía Trump la pasada semana durante una entrevista en Fox News. “Pero para ser sincero, nunca he visto una cosa igual”, declaraba el magnate sobre el exvicepresidente. Ese mismo argumento se repite como un eco por asesores, amigos y familiares del presidente: Biden está en posesión de sus facultades mentales.
Las insinuaciones, de mayor o menor calado, se elevaron al límite el pasado fin de semana cuando, según informa Politico, el presidente cuestionó en su residencia de descanso de Florida ante más de 500 mecenas del Partido Republicano la capacidad mental de Joe Biden. De repente, ya no solo se trataba del famoso calificativo con el que desde hace mucho tiempo Trump se refiere al exvicepresidente, “Sleepy Joe”. Trump iba un paso mucho más allá y polemizaba también en Twitter al escribir que Biden no sabía ni dónde estaba ni en qué día vivía o lo que estaba haciendo. “Francamente, ni siquiera creo que sepa por qué cargo está compitiendo”.
En uno de sus últimos tuits, lanzado ya de lleno a la hipérbole, Trump ha calificado la Administración de Barack Obama y Joe Biden como “la más corrupta de la historia”. Para Jennifer Palmieri, directora de comunicación de la campaña de Clinton en 2016, citada por Politico, los ataques que lleva lanzando Trump desde hace meses tendrán resultados muy cuestionables entre los votantes demócratas e independientes. “El equipo de campaña de Trump ha estado golpeando duro a Biden y su familia durante más de un año y no parece que haya hecho mella en los votantes”, explica Palmieri, que añade que si acaso ha sucedido lo contrario.
Los insultos continúan, y no solo a Biden. Desde Sanders hasta los candidatos que ya se han retirado —como Mike Bloomberg, de quien el presidente dijo que lo único que se llevaba de la campaña era el mote que él mismo le había puesto: mini Mike— forman parte del epicentro de las agresiones de Trump. 
En un mitin de campaña en Carolina del Norte, en la noche del lunes 2 de marzo, Trump dijo que Biden no se encontraba mentalmente apto para la presidencia, y afirmó que el exvicepresidente tergiversaba los hechos y a menudo parecía confundido.
Ello ocurrió solo horas después de que Trump celebró una sesión abierta sobre el coronavirus, en la que tuvo dificultades y un “dale pa'lante y pa'tras” con el concepto de vacuna y pareció sugerir que no tenía idea de que se requieren ensayos clínicos para los medicamentos.
 “A menudo se observa que Trump critica a sus oponentes por fallas que él mismo ha llevado a extremos cómicos. Trump es probablemente el presidente estadounidense más corrupto de la historia, pero a menudo afirma sin fundamento que sus enemigos son corruptos. Trump es el mentiroso y fabulista más grande que ha ocupado la Oficina Oval, pero a menudo critica falsamente a sus críticos como mentirosos”, afirma Greg Sargent en The Washington Post.
El empeño de Trump en atacar a sus oponentes, a menudo contando solo con débiles pruebas y otras sin alguna, ha desempeñado un papel muy importante en su ascenso. También su habilidad para manipular a los medios para que difundan sus acusaciones a menudo falsas. Desde su época de urbanizador en Nueva York inició el desarrollo de este tipo de jugadas y lo ha perfeccionado durante décadas.
De hecho, para un segmento del electorado de Estados Unidos, la estatura de Trump creció a medida que intensificó sus exageraciones, distorsiones y, a menudo, mentiras descaradas. Su apoyo al movimiento marginal que acusó falsamente al presidente Obama de haber nacido en el extranjero, no fue un revés para él, sino un peldaño político. Sus ataques contra Hillary Clinton en 2016, exagerados en gran medida, desviaron la atención hacia sus propios escándalos, de acuerdo a Los Angeles Times.
El domingo Twitter puso en vigencia una nueva etiqueta —“medios manipulados”—en un video editado de Joe Biden que un funcionario de la Casa Blanca publicó y que luego Trump retuiteó.
El sábado, el director de redes sociales de la Casa Blanca, Dan Scavino, tuiteó un video del candidato demócrata 2020 que decía a sus seguidores en Missouri: “No podemos ganar esta reelección, disculpe, solo podemos reelegir a Donald Trump”.
Al final de la noche, Trump había compartido el video dos veces, escribiendo: “¡Estoy de acuerdo con Joe!”. También recibió un retweet del gerente de campaña de Trump, Brad Parscale.
Sin embargo, el tuit de Scavino, que fue visto casi 5 millones de veces hasta el domingo por la noche, había cortado el resto de la oración.
“Solo podemos reelegir a Donald Trump si, de hecho, nos involucramos en este pelotón de fusilamiento circular aquí”, había dicho el exvicepresidente. “Tiene que ser una campaña positiva, así que únete a nosotros”.
El video editado apareció en medio de la campaña sobre la capacidad cognitiva de Biden y la intención de crear sospechas de que el candidato de 77 años tiene demencia. La campaña de Trump ha convertido los tropiezos verbales y los errores de Biden en un punto focal de sus mensajes.

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