jueves, 23 de abril de 2020

Locura total


En El cantor del jazz —la que se considera la primera película por completo sonora de la historia del cine— Al Jolson lanza una frase que se haría célebre: “Folks, you ain't heard nothin' yet”. Como en el cine, como en el teatro, como en la política, aún no lo habíamos escuchado todo: Jared Kushner, un “asesor principal de Trump” por méritos matrimoniales y no por talento ha pasado a la primera línea de dirección de la respuesta de la Casa Blanca a la crisis por la pandemia del covid-19.
El yerno de Trump se ha instalado en la Agencia Federal de Control de Emergencias (FEMA), y agrega a su abultado manojo de responsabilidades —sin logros visibles en frente alguno— la fabricación, el suministro y la planificación a largo plazo de los equipos y medios sanitarios para combatir el coronavirus.
Kushner no sirve para nada. No es una opinión, es un hecho comprobado. Si usted aún no lo sabe revise algunos de los artículos que aparecen citados en este texto, entre en el archivo de cualquier periódico o revista importante o simplemente dele un vistazo al fantasioso plan para llevar la paz entre israelíes y palestinos, que Michael Koplow, del centrista Israel Policy Forum, describió como “la versión de Monty Python de la paz israelí-palestina”.
Por supuesto, Kushner es un chico con suerte. Nació de padres multimillonarios, escogió bien con quien casarse y ha sabido ganarse la confianza de su suegro; no se sabe si simplemente repitiendo todo lo que este quiere oír o como respuesta a las peticiones de la hija preferida. A ello se limita su éxito. 
Por lo demás —tras resultar un estudiante mediocre cuyos estudios e instituciones académicas deben más a la fortuna familiar que a su aprovechamiento docente—, ha fracasado como urbanizador, como editor de un célebre diario de Nueva York —que acabó destruyendo— y al frente de los negocios de su padre, mientras este se encontraba en la cárcel.
Con su cara de eterno niño rico, Kushner no inspira mucha confianza y su historial lo demuestra. Si usted tiene una peseta y quiere invertirla, mejor la pone en manos de la esposa de este, que es mucho más viva.
Al frente
Jared Kushner se ha convertido en una de las figuras más importantes en la lucha nacional contra la pandemia de rápido crecimiento, según un artículo publicado en Politico.
Lo que comenzó como un esfuerzo por utilizar el sector privado para corregir las fallas de las primeras pruebas, se ha convertido en una labor integral para Kushner, quien junto con un grupo improvisado e informal de supuestos expertos ajenos al gobierno —incluido su excompañero de cuarto— se ha colocado al frente de los mayores retos que enfrenta la Casa Blanca: ampliar el acceso a las pruebas, aumentar la producción de la industria de suministros médicos necesarios y descubrir cómo llevar esos suministros a los sitios clave.
Kushner ha obtenido su nuevo centro de poder en la FEMA, la organización de respuesta a la crisis que se hizo cargo de la estrategia y planificación del coronavirus, y donde él y sus ayudantes influyen y controlan a las dependencias de salud que han sido criticadas por sus respuestas lentas. a la pandemia a principios de este año.
Así ha surgido un grupo, el de Kushner, que lleva a cabo una operación que contrasta con la del vicepresidente Mike Pence: si el primero está integrado solo por miembros del sector privado, el segundo lo forman funcionarios del gobierno. En este sentido, el grupo de Kushner ha logrado la adquisición y el transporte aéreo de suministros médicos de emergencia a EEUU, así como donaciones de guantes y máscaras.
A golpes de billete
Ello, por otra parte, no se ha visto libre de reproches. Especialmente en Europa, donde se ha comentado que los estadounidenses han adquirido suministros —incluso en los aeropuertos— a golpes de dinero en efectivo y pagando tres o cuatro veces el valor del embarque que originalmente estaba destinado a otros países. Algo que Washington niega (para ver información al respecto se puede consulta El País).
Sin embargo, este grupo de trabajo privado ha duplicado los equipos trabajo y las operaciones federales existentes, y su enfoque en las decisiones rápidas a corto plazo ha creado preocupación entre algunos funcionarios de agencias de salud, según entrevistas con 11 personas involucradas en el esfuerzo de Kushner, lo que incluye altos funcionarios del gobierno, asesores externos y voluntarios en los proyectos, así como otros departamentos del departamento de salud y funcionarios de la Casa Blanca, según el reportaje citado de Politico.
Para complicar aún más la situación, a la hora de llevar a cabo decisiones Kushner cuenta con toda la confianza de Trump —y vía libre para hablar con él—, mientras el presidente ha expresado en público sus frustraciones con algunos de los que están al frente de las dependencias de salud del gobierno.
Un sitio web que desapareció
Todo ello crea dificultades en la cadena de mando para enfrentar la crisis, algo fundamental a la hora de lidiar con este tipo de situaciones.
El equipo de Kushner ha ayudado a desplegar docenas de sitios de prueba locales, un logro que está muy por debajo de la promesa inicial del presidente—hecha el 13 de marzo— de establecer una red nacional de centros de prueba, en las que Google ayudaría a administrar el proceso mediante un sitio web; una de las tantas promesas no cumplidas expresadas por Trump sobre las pruebas.
Aunque en los días siguientes al anuncio de Trump, una compañía de seguros de salud privada  desarrolló un sitio web con las características que el presidente había descrito.
Un equipo de ingenieros, gerentes de proyecto y ejecutivos pasaron cerca de cinco días construyendo este sitio web independiente, a pedido del gobierno, según un portavoz de la compañía. 
La firma incluso envió a dos empleados de Nueva York para reunirse en persona con funcionarios federales en Washington, D.C., dijo el portavoz.
Luego, el sitio web fue desechado, repentina y misteriosamente.
El papel de Kushner
El papel de Kushner en ese episodio ha sido objeto de un escrutinio creciente, sobre todo tras un reportaje en The Atlantic de que Oscar Health, la aseguradora de salud cofundada por el hermano de Kushner, Josh, fue la que recibió el pedido de desarrollar el sitio web. 
El mismo Kushner también fue propietario o tuvo el control  de la compañía.
El proyecto, que podría haber violado las leyes federales de ética, fue finalmente descartado.
Un portavoz de Oscar dijo que la compañía donó el trabajo de forma gratuita.
Los defensores de Kushner dicen que sus métodos lograron lo que las agencias de salud que trabajaban solas no lograron: entusiasmar la participación del sector privado. Añaden que desde que Trump lo dedicó a esta labor el número de pruebas o tests se ha incrementado a 100.000 por día. Aunque se mantienen las críticas de que algunos esfuerzos se están duplicando y que existen registros de datos redundantes. También algunos han expresado el temor de que la participación de compañías del sector privado derivará en que estas obtengan jugosos contratos del gobierno.
Los datos
Cuando el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, dijo que el estado necesitaría 30.000 ventiladores en la cúspide del brote de coronavirus, Kushner decidió que Cuomo estaba siendo alarmista. 
“Tengo todos estos datos sobre la capacidad de unidades de cuidados intensivos”, dijo Kushner.
“Estoy haciendo mis propias proyecciones, y me he vuelto mucho más inteligente al respecto. Nueva York no necesita todos los ventiladores”, agregó, según una columna de opinión de Michelle Goldberg en The New York Times.
Por su parte, el Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del país, ha dicho que confía en la estimación de Cuomo.
La conocida arrogancia de Kushner volvió a relucir cuando el pasado jueves hizo su debut en la sesión informativa diaria de coronavirus de la Casa Blanca.
“Las personas que tienen solicitudes de diferentes productos y suministros, muchos de ellos lo hacen basándose en proyecciones que no son proyecciones realistas”, dijo  entonces.
La periodista Andrea Bernstein, que observó detenidamente el historial comercial de Kushner para su reciente libro American Oligarchs: The Kushners, the Trumps, and the Marriage of Money and Power —y habló con personas de todos los lados de los  negocios inmobiliarios de Kushner, así como con aquellos que trabajaron con él en The New York Observer, el periódico semanal que compró en 2006 y luego destruyó— dijo a Goldberg que el yerno de Trump “realmente se ve a sí mismo como alguien con la capacidad para cambiar cualquier situación”. 
Una y otra vez, dijo Bernstein, las personas que habían tratado con Kushner le dijeron que en cualquier cosa que este hiciera, “creía que podía hacerlo mejor que nadie, y tenía una confianza suprema en sus propias habilidades y su propio juicio, incluso cuando no sabía de lo que estaba hablando”.
La perenne dualidad de Kushner, al mismo tiempo yerno y asesor principal del presidente, se ha extendido en cierto sentido a otras funciones del gobierno durante esta crisis, en la dualidad entre el sector público y el privado.
Algunos funcionarios del gobierno se encuentran cada vez más confundidos, ya que han recibido correos electrónicos de empleados de la industria privada pertenecientes al equipo de Kushner, y con los cuales han participado en reuniones  sin saber cuál es el papel exacto de estos en la respuesta del gobierno frente a la pandemia.
Varias personas involucradas en esta labor dijeron que la participación de asesores externos —que envían correos electrónicos a grandes grupos de empleados del gobierno desde direcciones privadas de correo electrónico— plantea preocupaciones legítimas de seguridad, sobre si estos asesores están siguiendo los protocolos gubernamentales adecuados, según un artículo de The Washington Post.
“No sabemos quiénes son esas personas”, dijo un alto funcionario citado en el artículo del Post. “¿Quien es este? Todos estamos recibiendo estos correos electrónicos”, agregó.
Por su parte, y según el mismo diario, Kushner defendió su papel en una entrevista y dijo que el objetivo de su equipo era aportar “un enfoque empresarial” a la crisis.
“Estamos haciendo cosas a velocidades récord y estamos haciendo todo lo posible para evitar daños y mitigar los impactos negativos”, dijo Kushner.
“En Estados Unidos, algunos de nuestros mejores recursos están en nuestro sector privado. El gobierno federal no está diseñado para resolver todos nuestros problemas; gran parte del músculo está en el sector privado y también hay mucha gente inteligente”, agregó.
Por supuesto que hay otra visión que difiera de la que tienen Kushner, sus amigos y otros multimillonarios que se creen dueños del país. Y es que desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se ha impuesto el criterio de que los ricos son los que tienen la última palabra en Estados Unidos.
Cuando ocurre una crisis de tal naturaleza, como la que sufrimos actualmente, la dirección del plan a seguir debe estar en manos de expertos, no de ineptos que nunca se han destacado por algo diferente a tener dinero. Asesores que no asesoran y cuyos consejos carecen de fundamento.
Por ejemplo, Uno de los problemas es cuando ese esfuerzo para mitigar los “impactos negativos” no está bien dirigido.
Antes de involucrarse directamente en la respuesta gubernamental a la epidemia, Kushner había aconsejado al presidente de que los medios y algunos en la administración estaban reaccionando de forma exagerada a la amenaza del virus.
Con consejos de esa naturaleza, marchamos al abismo.

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