jueves, 24 de septiembre de 2020

Protestas pacíficas, vandalismo y caos: la realidad y el mito


Más del 93 por ciento de las protestas efectuadas en Estados Unidos este verano fueron pacíficas. Al lanzar el temor a un futuro de caos y violencia si triunfan los demócratas no solo se exagera sino se tergiversa.
Un informe del US Crisis Monitor —del  Proyecto de datos de eventos y ubicación de conflictos armados (ACLED) y la Universidad de Princeton— muestra las cifras de lo ocurrido, sin la emoción de las imágenes pero con la realidad de los números. Basta  para romper la falsedad introducida como una cuña entre la representación y el hecho.
La ACLED es una organización no gubernamental especializada en la recopilación, el análisis, la ubicación y el desglose de conflictos: codifica las fechas y ubicaciones de todos los casos de manifestaciones y violencia política denunciados en más de 150 países.
Los hallazgos de dicho informe permiten tener una visión más completa, alejada de las cámaras, de lo ocurrido.  
La muerte de George Floyd bajo custodia policial provocó una oleada de protestas, asociadas con el movimiento Black Lives Matter (BLM), que se extendió rápidamente desde Minneapolis por todo el país.
Entre el 26 de mayo —un día después de la muerte de Floyd— y el 22 de agosto se registraron más de 7,750 manifestaciones vinculadas al movimiento BLM, en más de 2,440 lugares en los 50 estados y Washington, DC. Las manifestaciones violentas, por su parte, se limitaron a menos de 220 lugares, una cifra inferior al 10% de las áreas en donde ocurrieron protestas pacíficas.
Pero la realidad de las cifras siempre choca con el dramatismo de las imágenes, y la impresión de violencia y desórdenes se ha generalizado hasta convertirse en un factor importante de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Esta distancia entre la percepción de los hechos y la verdad de lo sucedido no asombra en una época de valoración de la noticia por su cualidad de espectáculo —las marchas aburren, los incendios no—, pero debería alertar de la necesidad aclarar en detalle la situación. Los demócratas no lo están haciendo y podría contribuir a una pérdida de votos.
Mientras la televisión dirige a los espectadores hacia las escenas de saqueos y  vandalismo, hay muy pocos indicadores que sugieran que los manifestantes han participado en actos de violencia generalizados. Por ejemplo, las tan divulgadas imágenes de Portland, Oregon, nos llevan a desconocer u olvidar que dichos actos  violentos fueron mayormente limitados a unas cuadras específicas y no se extendieron a toda la ciudad.
A la percepción limitada que tenemos de los hechos, cuando nos limitamos a la información visual, se une el interés en manipular no solo las imágenes sino las situaciones; en algunos casos con la participación de infiltrados y provocadores con el propósito de instigar la violencia o con la presencia de participantes de otros estados, que se trasladan con el propósito de alterar el orden.
Por ejemplo, durante una manifestación el 27 de mayo en Minneapolis, fue visto un hombre con un paraguas rompiendo vidrieras. Luego se supo que estaba vinculado a grupos supremacistas blancos; nada que ver, por supuesto, con el movimiento BLM.
El informe de la ACLED muestra que desde mayo se realizaron más de 100 eventos en los cuales participaron actores de otros estados. Esto incluye también contra-manifestaciones, la mayoría de las cuales fueron en respuesta a las actividades asociadas con el movimiento BLM.
Esta intervención de personas ajenas a la localidad la realizaron miembros de organizaciones y grupos denominados tanto de extrema izquierda como de extrema derecha.
El tratar de manipular o utilizar las manifestaciones con otros objetivos ha llegado a ciertos extremos. Dos hombres asociados con Boogaloo —un movimiento de extrema derecha que busca el inicio de una segunda guerra civil en EEUU—fueron arrestados por tratar de utilizar las protestas para encubrir un intento de venta de armas al grupo militante palestino Hamas, y utilizar el dinero para apoyar el movimiento Boogaloo, según informó The New York Times.
En general, las campañas no violentas tienen el doble de posibilidades de triunfar que las violentas. Tanto el movimiento BLM con los demócratas en general deben reforzar esta actitud, no con simples declaraciones de ocasión sino con toda una campaña política. Todavía están a tiempo.

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